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![]() La vida es el arte del encuentro (Vinicius de Moraes) |
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De la parte BerlangaArchivos
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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2009.
La leyenda cuenta que el Señor y brujo de una tribu prerromana, poseedor de riquezas y de un extenso territorio entre las tierras de lo que hoy son las provincias de Zaragoza, Soria y Guadalajara, enviudó y tuvo que hacerse cargo de sus tres hijos, que se llevaban muy mal, guiados por la envidia y la codicia por conseguir la herencia de su padre. Las duras peleas entre los hijos iban siendo cada vez más frecuentes, hasta que el padre, harto de sus disputas, decidio cargarles una maldición eterna de tal manera que pudieran verse pero no hablarse, convirtiéndolos así en tres altas montañas que situaría a cada extremo del territorio para que sirviera de ejemplo para tribus cercanas: el mayor, Moncayo; el mediano, Ocejón, y el pequeño, Alto Rey. Fuentes: Wikipedia y en el nuevo blog de los Argantonios, que se llama Iberia Mágica y que viene con mucha información y pistas para emplear las vacaciones de verano; como en el ultimo post, que trata del Alto Rey, una de nuestras montañas sagradas que se divisa desde buena parte de los pueblos de la Tierra de Berlanga (En la foto, desde Caltojar) y que no queda nada lejos de ninguno de ellos para acercarse a conocerla. Cómo ya quedó escrito en alguno de los recovecos de este blog, el antiguo camino de los arrieros entre Madrid y Berlanga no coincidía demasiado con los trazados viarios actuales. Desde Atienza se continuaba por Casillas de Atienza y Romanillos, que quedaba a la izquierda, en dirección a Barcones; pero mucho antes de llegar a este pueblo se tomaba la Cañada de la Mesta que llaman Galiana, llegando por más derecha ruta a Arenillas y Ciruela, evitando el rodeo que hace la carretera actual, en cuyo trazado tuvieron bastante que ver las oligarquías de los pueblos por donde pasa Al centro di Fedora, metropoli di pietra grigia, sta un palazzo di metallo con una sfera di vetro in ogni stanza. Guardando dentro ogni sfera si vede una città azzurra che è il modello d'un'altra Fedora. Sono le forme che la città avrebbe potuto prendere se non fosse, per una raggione o per l'altra, diventata come oggi la vediamo. Italo Calvino, "Le città invisibili" Hay pueblos y ciudades que son como palimpsestos. Solo unos pocos, y sin demasiado rigor, pueden asegurar que surgieron de la nada o de la mente de un solo hombre; los demás fueron superponiendo capa sobre capa, edificando sobre las ruinas que dejaban las continuas mudanzas de la tribu, sus guerras, sus expansiones, recelos o aventuras, durante largos periodos de escasez o necesidad a los que seguían otros, mucho más breves, de abundancia. Cuando era posible, se reutilizaban algunos elementos o materiales de la ruina en la nueva construcción, y cuando no, se retiraban o se compactaban para que sirvieran de cimiento. No sabemos que guarda en su vientre la Plaza Mayor de Berlanga. Cuando quitaron el pavimento antiguo en la reforma de los años ochenta, aparecieron montones de huesos humanos bajo unas curiosas arcadas de ladrillo. El hallazgo provocó la paralización de las obras durante largos meses, que no sirvieron para hacer un estudio pormenorizado del terreno (y si se hizo, no trascendió) Desde este blog no podemos hacer otra cosa que dejar el señuelo, de lo que, por las capas bajas circula de boca a oído: que los huesos eran del cementerio que hubo contiguo a la iglesia, sobre cuyos cimientos se yergue ahora una sucursal bancaria. La función de los arcos que algunos recordamos vagamente, sigue siendo un enigma, aunque quizás algún visitante se atreva a aventurar alguna teoría verosímil. Añadimos como prueba del delito, la foto que gentilmente nos ha enviado Jaime Alcalde y trataremos de rebuscar en la hemeroteca de la época (Soria Semanal y Soria Hogar y Pueblo) para ver que se decía del asunto. Este articulillo se va a quedar abierto para que, quién quiera, arroje luz sobre el vientre que se quedó bajo esas pesadas losas de granito de la plaza. La sabina albar o enebro (Juniperus thurifera), como es conocida esta especie en nuestras Tierras, se distribuye por más de 10.000 hectáreas. El enebro se localiza en altitudes que varían de 900 a 1.300 metros, sobre sustratos de diversa naturaleza, aunque predominan los calizos. Su robustez le permite ocupar zonas, en general, no aptas para otras especies arbóreas. En nuestra comarca es digno de citarse el extenso enebral de Matapozuelos, Los Charcos y El Pontón, en Morales, Aguilera y Berlanga de Duero. Para visitarlo se accede desde Berlanga, o bien por Morales, donde existe un original enebral sobre terreno arenoso y otro más extenso sobre calizas. En las cercanías del rio (por el molino) y dignos de ser visitados, crecen varios enebros verdaderamente descomunales, de alrededor de 20 metros de altura y cerca de 2 de diámetro. Como estos debieron ser los enebros que dejaron estupefacto al romano Plinio. También son muy destacadas las manchas de enebros de las localidades de Andaluz y Bayubas de Abajo. [Javier de la Fuente Leon. Historia forestal de Almazán y su partido judicial en el siglo XIX. Tesis doctoral] En las columnas más cercanas a la puerta de la Umbría, en la Colegiata, llaman la atención unos grandes ganchos incrustados en las sillares a una altura considerable. En ellos se colgaban, a modo de enormes cortinas, unos tapices donde se encontraban escritos los nombres de los berlangueses, de religión judia o musulmana, que habían sido condenados por el tribunal de la Inquisición. Aparecía junto al nombre, el día y el año en que habían pasado por la hoguera. Muchos años después sirvieron para adornar el monumento en la Semana Santa. Bedoya, que los había conocido durante su larga estancia en Berlanga, los cita en sus Memorias, levantando acta de su desaparición; y también Nicolás Rabal en la descripción de la Colegiata habla de ellos y del motivo de su desdichado final: "pero como entre los nombres estampados, los hubiera muy parecidos a los de algunas familias principales, y estas fueron objeto de la burla y sátira de personas maliciosas, que con sarcásticas sonrisas les atribuían la descendencia de aquellos desgraciados, se valieron de su influencia para hacer que los tapices se condenaran también a las llamas, para ocultar esta deshonra, que de tal la juzgaban, o para sustraerse del ridículo" Se sabe, que en 1492, un tal Isaac Aselor, trapero y vecino de Berlanga, se convirtió al cristianismo obligado por las circunstancias, que representaban el abandono de su país y de su único medio de sustento, abrumado por el vértigo de verlos desaparecer de la noche a la mañana. Adoptó el nombre de Diego López y siguió practicando su religión a escondidas, como mandaban los tiempos y las miradas envidiosas de los cristianos viejos que no ponían empeño en la práctica de la caridad y demás virtudes teologales. La religión era la misma que la de sus padres, a quienes debía respeto y obediencia, aunque ya hubieran muerto. Unos años más tarde, fue descubierto, procesado y ejecutado por la inquisición. Su nombre estaba en uno de esos tapices. Entre los fondos del museo arqueológico de Barcelona se encuentra esta pieza de bronce de la foto, que corresponde a un broche de cinturón de época visigoda encontrado en Berlanga. Desconocemos la fecha del descubrimiento y las circunstancias de su peregrinaje. Se trata de una placa de forma ligeramente disminuida en su extremo, superficie anterior decorada con círculos troquelados; un motivo central, alargado con tres picos y círculos calados en cada una de sus ondas, con el extremo recortado en forma de cola de pez. Por la cara posterior tiene tres enganches para la correa. MIde 95 mm de largo por 36 de ancho. Artículos relacionados: 3 piezas visigodas |