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De la parte Berlanga

Recuerdos infantiles

Los polvos de Azol los utilizaban nuestras madres para curarnos las heridas. Se trataba de un antibiótico tópico cuyo principio activo era la sulfanilamida. Después de limpiar la herida y cubrirla con mercromina, que entonces llamábamos micromina, estos polvos mágicos caían encima del rojo haciendo que se secara y notando al instante una milagrosa mejoría, circunstancia que aprovechábamos para ir a Cal Torero a comprarnos un chicle Bazoka, cuyo sabor no ha sido mejorado todavía por ninguna chuche moderna.

Ambos componentes del decorado infantil de los que nacimos con Bonnie & Clide, han desaparecido de los escaparates junto con otros tesoros como el chicle MAY que venía en láminas y traía cromos de futbol o el chicle Cosmos, que era negro y sabía a regaliz. Todos ellos valían una peseta (que equivale a unos 0,00601012104 insignificantes euros actuales). Continuará...

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1 comentario

Alberto Gamarra Gonzalo -

Curiosa y entretenida entrada. Espero que continúes la serie para mayor provecho y satisfacción de ti mismo y de tus lectores :) ¡Qué lastima que tengamos que crecer para ver la importancia de estos pequeños gestos y actos infantiles!

Saludos desde Bordecorex
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