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De la parte Berlanga

Los aviones

Los aviones

Hace poco viajé en avión desde Madrid a París, y como no es algo que haga a menudo, agradecí que me tocara un asiento junto a la ventanilla. La mañana estaba soleada y el cielo totalmente despejado, con lo que me dispuse a ver España a vista de pájaro, confiando en que algo de lo que escudriñara a diez mil metros de altura me resultara familiar. De un tiempo a esta parte, a los navegantes sin rumbo se nos han hecho familiares los mapas de Google Earth y Sigpac, éste último mucho más preciso en las imágenes de zonas poco pobladas o a trasmano de las rutas principales. En estos mapas reales se descubren los sitios conocidos desde una perspectiva nueva y nos permiten hacer itinerarios que no siguen los caminos habituales, descubrir las sendas borradas, subir los ríos a contracorriente y superar las montañas sin ningún esfuerzo, como si fuéramos asomados a la ventanilla de un avión...

Otras veces los aviones partían hacia levante o mediodía y me mostraban, con el permiso de las nubes, trozos de Iberia mucho más áridos en todos los sentidos, pero esta vez el avión buscaba el norte, donde está mi querencia, y mis ancestros y los paisajes de mi infancia. Yo sabía que por mi pueblo pasan rutas aereas porque ya en uno de mis primeros recuerdos,  aparezco de la mano de mi abuelo volviendo de la Dehesa Chica, con un avión manchando el cielo limpio, terso y puro de la infancia, con una estela blanca que se iba disolviendo en el aire, y a mi abuelo señalándolo con su garrote y pronunciando la palabra mágica "aviación"

A poco más del cuarto de hora de salir de Barajas, apareció como por encantamiento a mis pies, con el avión en completo silencio y una escalofriante nitidez a pesar de la altura, la hoz que forma el Escalote con el cerro del castillo a un lado y el Coborrón al otro, las casas apiñadas, la extensa mata verde de los pinares cercanos, el Portillo de Andaluz, un pueblo que identifiqué con Valderrueda, y asi hasta que una nube traidora me tapó completamente la visión al mismo tiempo que una azafata me servía un vaso de zumo que me alivió la sequedad de la boca por tanta emoción.

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3 comentarios

bipede implume -

Que suaves recordações.Também gosto de fazer essas viagens mas através do Google e procurar locais onde já vivi.
Obrigada por tuas palavras amigas.
Besos.
Isabel

juancar347 -

Gratas experiencias, desde luego. El único viaje que hice en avión, fue en 1987, cuando viajé a Australia. Salí de Barajas de noche, y aunque, seis meses después, cuando volví era de día, mi ignorancia apenas me dejó reconocer una ciudad que a día de hoy me cansa: Madrid.
Por cierto, JK, ¿de verdad que estás en Afganistán?. Sea como sea, un fuerte abrazo, amigo. Tus consejos e indicaciones, siempre inspiran y ayudan.

Teógenes -

No se si conoces esa leyenda urbana de un piloto natural de La Estación y que cada vez que cubria una de estas rutas lanzaba un paquete a su padre que llegaba a su destino con total precisión. Yo también he visto el pantano de la Muedra en un viaje en avión
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