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La vida es el arte del encuentro. (Vinicius de Moraes) |
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De la parte Berlanga
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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2008.
Salimos por la carretera de Paones, pasamos el pueblo y nos desviamos a la derecha dirección Brías. Nada más subir la primera cuesta nos desviamos a la derecha por un camino, donde podemos dejar el coche. Ahí empieza nuestro viaje. Bajamos por el camino que lleva al arroyo del Pradejón, y caminamos entre riscos por la senda que discurre por el cauce seco del arroyo. Por el camino nos encontramos con las piedras que servian de paso al arroyo cuando en otros tiempos el agua discurría casi constante por su cauce. Según vamos avanzando los riscos se hacen más altos y los enebros y sabinas se hacen más numerosas. Más adelante, a la izquierda, a media ladera hay una pequeña cueva cubierta de excrementos tan endurecidos por el tiempo que parecen rocas. Un poco más abajo se encuentra la Cueva del Ojo. El Ojo es un agujero redondo de unos dos metros de diámetro que el agua del arroyo hizo en un tolmo que le cortaba el paso, y que da el nombre a la cueva que esta a su izquierda. La cueva es pequeña y de baja altura, su entrada está rodeada de una pared de piedra, pero lo que le da importancia es un grabado rupestre que hay en la entrada, y que representa dos figuras humanas unidas . Este lugar me lo enseñó mi abuelo, que no dejaba a los "moros" en paz, a él se lo enseño un pastor de Paones que era de su quinta, sus nombres seguramente figuraran escritos en las piedras, como los de otros que por alli han pasado, pero con más respeto que los que pusieron el suyo en el grabado rupestre, quiero creer que por ignorancia. Alli, me contaba mi abuelo, los "moros" llevaban los niños que raptaban y les hacian mil perrerias, todavia hay dos monigotes que pintaron con la sangre de los pobrecillos. Hace poco se ha realizado un estudio arqueológico de la cueva al que me gustaria tener acceso para ver a que conclusiones han llegado y si se dice algo de la curiosa formación de piedras que hay a la derecha del ojo, y que da la impresión de ser un dolmen. El tolmo tiene una rampa por la que es fácil subir, si no fuera por la zarzas que lo impiden. Frente a la cueva, en lo alto de risco, hay restos de una pequeña construcción de forma circular, posiblemente un refugio de pastores. Siguiendo el el camino veremos un abrigo protegido por una pared, quizá en algún sitio de estos halla pasado más de una noche el "tio Trabuco". El camino se va estrechando, los enebros nos cortan el paso y tenemos que ir esquivándolos, para volver a ensancharse según nos acercamos al Talegones, donde acaba nuestro viaje, aunque todavía queda la vuelta. Colaboración enviada por AXINIO Además de la Cruz del Coborrón y de las Tres Cruces, había otras a las que también se subía para bendecir los campos. Hubo una en Las Atalayas, otra en Mirabueno (cruce de Almazan - Soria, encima de La Fuente Ortova), y otra en El Rebollar (carretera de la Estación a la izquierda). Puede que todavía hubiera alguna más. La cruz del Coborrón estaba en la cima del cerro, enfrente del castillo. La forma más facil de acceder es por el antiguo camino que subía al palomar que hay enfrente de Las Tres Cuevas. Se aprecia en el centro un escombro de 20 metros de diámetro, rodeado por una muralla que podia tener unos 2 m de ancho, a unos 75-100 m dependiendo del lugar. También hay otros escombros más pequeños. Se encuentran pequeños hoyos de 30 x 30 cms. hechos hace poco tiempo, algunos vueltos a tapar con las mismas piedras. Junto a uno encontré un trozo de cerámica llena de cal, lo que demuestra que estuvo enterrado y la cal seria de las piedras que la tapaban, tiene una decoración parecida a la de época romana y el grosor es de 4mm escasos. Colaboración enviada por AXINIO Se dice en una guía turística del Ayuntamiento de Almazán que "la zona durante la epoca celtíbera conoce un poblamiento claramente definido, formado por minúsculas aldeas o asentamientos de caracter defensivo, distribuidos en función del cultivo de las zonas fértiles o defensa del territorio." y continúa diciendo que "a partir de la pacificacion de la zona se produce un importante desarrollo economico en la agricultura que dio lugar a una reordenación de los poblamientos". Con este presupuesto y la observación detallada del terreno en el que nos movemos, mi opinión es que había en Berlanga varios asentamientos arevacos, con poblaciones reducidas y que ocuparían los cerros con facil acceso al agua y tierras fertiles. Estos cerros serian: 1.- El del Castillo, donde se han dejado al descubierto varias viviendas circulares. La necrópolis que hay junto a ellas es medieval y fue objeto de un estudio arqueológico que pasó por alto las viviendas. 2.-El de las Tres Cruces, con señales claras sobre todo la del camino de ronda, pegado al precipicio, y también la de la trinchera, cuyo uso desconocemos por el momento. 3.-El de Los Angostillos, donde están los enigmáticos circulos líticos y seguro que muchas cosas más esperando que alguién las rescate. 4.-El de La Canteruela, donde se aprecian construcciones y un pozo rectangular que se decía que lo habían hecho para buscar cinabrio. Popularmente se cree que es una mina y esa creencia ha permanecido en el topónimo. 5.- El de La Peñona, a la derecha del cruce de Hortezuela a la Estacion, aunque esa parte se llama El Trasperal. Aqui se ven unas paredes desconcertantes. El hecho de que cerca haya un paraje llamado Haza del Moro me parece una señal de algún tipo de asentamiento. 6.-El del Coborrón, que hemos tratado en la entrada anterior, donde junto a la cruz desaparecida, de la que se ha conservado memoria, se ven las huellas claras de una muralla y aparecen en superficie fragmentos de cerámica. Aqui los indicios de excavaciones son palpables, pero no tenemos noticia de sus resultados ni de quien las hizo. 7.- El de Los Valles, donde se encuentra la parte inferior de una vivienda excavada en la roca, en la que se aprecia la puerta, las ventanas y dos habitaciones separadas. Alguien la destapó hace mucho tiempo, alli esta el escombro que lo demuestra. Tambien aparecen fragmentos de ceramica por toda la zona, y aunque todavía queda algún cerro más, nos vamos a detener un poco en este, para no cansar. La vivienda descubierta y seguramente algunas más que estarán a su lado, en lo que ahora son campos de labor, están en la cima del cerro donde se encuentra el corral de Los Valles, junto al camino de Arenillas. Hay dos fuentes cerca, la de Lavacoños y otra en el barranco Valcurtido, que no se como se llama; un poco mas lejos está la del Convento. La atalaya de Los Cordeles se encuentra a un kilómetro escaso. Es de forma circular, excavada en la roca, con una rampa de entrada. Se aparecia el inicio del hueco de dos ventanas. Seria la mitad de la vivienda, la otra mitad se situaria por encima del suelo. A su lado está el escombro de cuando la destaparon que tuvo que ser hace mucho, pues algunas personas mayores siempre la han conocido así, y la llaman "La Mina". Está al borde de una tierra de labor, por lo que las piedras que aparecen al labrar acaban en el montón de escombros. Cerca de alli hay un paraje de La Torrecilla, entre el convento y Ciruela. ( Colaboración de Axinio ) Los visitantes curiosos se habrán dado cuenta de que además de la de Blas Taracena, hay una carta arqueológica de Soria, escrita por Fernando Morales Hernández y supervisada por Carlos de la Casa y Alfredo Jiménez. El título resulta engañoso ya que La zona estudiada en esta Carta está delimitada por las cumbres de las sierras de Tabanera, Alba y Almuerzo, al Norte. San Marcos, Santa Ana y serrezuelas de Fuensaúco, Fuentetecha y Omeñaca, por el Sur. Pico Frentes y Carcaña, por el Oeste. Los restos arqueológicos de cuarenta y seis localidades, incluyendo la capital, han sido estudiados. De manera que de la Sierra de Santa Ana para abajo nada de nada, y de allí a Los Valles quedan unas cuantas cartas arqueológicas de por medio. Nos parece vergonzoso que a la hora de realizar estos estudios y de publicarlos se ningunee a tres cuartas partes de la provincia, saltándose a la torera lugares que con solo el nombre pregonan a los cuatro vientos su riqueza arqueológica: Castro, Miño, ¿no es bastante? Parece que no. Que vengan por aqui y se enteren de que esto no fue tierra de nadie. O que le cambien el nombre a la publicación porque no responde a su contenido. De las propiedades de la cebolla se habla ampliamente en esta página, pero aparte de la curiosidad de que en este diccionario del siglo XVIII se relacione la popular liliácea con nuestro pueblo, cosa a la que estamos tan acostumbrados cuando vamos a otros pueblos de la provincia, quería fijarme en el dato de que a esas alturas del siglo XVIII todavía no se había añadido a Berlanga el apellido De Duero, que figura actualmente en su nombre oficial. Tengo oido o leido en alguna parte que mediante un decreto real se obligó a los pueblos con los nombres repetidos a adoptar algún tipo de distinción, pero desconozco mas datos al respecto y el criterio que se siguió para que uno de ellos mantuviera el nombre original. En nuestro caso el Berlanga a secas se lo quedó el pueblo de Badajoz, es posible que porque tuviera más habitantes. ¿Sabe alguien donde se puede encontrar este decreto? Aunque en Berlanga no queden apenas restos del arte románico, no estamos escasos de muestras de este estilo en los pueblos de la Tierra, y en otros cercanos como Andaluz. Hoy pararemos en Aguilera, pequeño pueblo al pie del cerro del Cabezo grande, de 969 metros, y muy cerca del Duero, donde se dice que hubo algun cenobio templario o sanjuanista, que dada la proximidad pudo tener algo que ver con el de Hortezuela. Decía Madoz que fuera del pueblo, en el sitio que ahora es dehesa, como a doscientos pasos, hubo un convento que por tradición se dice haber pertenecido a los caballeros del Temple, y del cual no se conservan más vestigios que piedras labradas distintamente y con primor, que se extraen cavando el suelo Aqui encontraremos la pequeña iglesia romanica de San Martín de Finojosa, que a pesar de las reformas se conserva con bastante pureza, con una galería porticada, tras la que se guarda una espléndida portada. En el interior hay una pila bautismal de una sola pieza, varias estelas medievales que quizás provengan del citado monasterio templario y otra pieza más que, según Teógenes Ortego, sería un ara celtibérico-romana dedicada a la diosa Epona. Los numerosos sillares con aristas de bocel embutidos en el muro del atrio también pudieron venir de otro templo anterior. Epona es la diosa celta de los caballos, de la fertilidad y de la naturaleza, asociada con el agua, la curación y la muerte, comparable a Cibeles. Su asociación con la muerte se debe a la antigua creencia de que los caballos guiaban las almas de uno a otro mundo. A veces, también por esta asociación se la representa con una llave, un mapa o un plano, para guiar a los muertos hacia el cielo. Otras aparece como yegua, a veces sentada a lomos de un caballo, de pie en medio de una manada o alimentando a los potros. Epona deriva de Epos, palabra céltica que significa caballo. En una página sobre heráldica descubro que Sancho IV concedió, en 1290, el señorío de Aguilera, junto a la villa de Berlanga, a Don Gil de Aguilera, que edificó allí un castillo. El mejor sitio para construirlo sería en lo alto del Cabezo, pero alli solo se ven los restos mínimos del aparejo de una atalaya. Tambien en la web local se habla de tumbas talladas en piedra y restos de cerámica ibérica. Desde que Berlanga dejó perder su tradición vinícola, Aguilera y Morales son los primeros pueblos del Duero que cultivan viñas. En los dos quedan todavía, aunque de manera muy residual, bodegas subterraneas y lagares con sus aparejos tradicionales. Otros lagares y bodegas se han dejado arruinar. A continuación expongo una serie de conjeturas y preguntas, ante un nuevo descubrimiento en un cerro que creo que se llama El Esplegarón, de 1.026 metros de altitud, que tiene de frente otro cerro llamado de la Torre (Morales). El lugar se halla mas o menos equidistante de Berlanga, Morales y Aguilera, pero está en el termino de este último pueblo, en una cuña que se mete en los otros dos, cerca del paraje de La Fuente del Lobo. Circundando el cerro, casi hasta la cima, se ven cimientos separados cuatro metros unos de otros delimitando una especie de calles. Entre estos anillos se ven restos de pequeñas edificaciones con sus paredes caidas. En la parte en la que se han plantado pinos los cimientos no se han conservado, no asi en la zona de enebros, donde se distinguen perfectamente. Los que hay más cerca del cam¡no se aprovecharon para construir alguna taina porque se ven muchos fragmentos de teja. El camino actual pasa por encima de los cimientos por lo que debe de ser de construcción relativamente reciente, quizás para que los de Aguilera llegasen hasta sus fincas. Hay una zanja cuadrada de unos 60 centímetros de lado, tapada por piedras que se adaptan perfectamente; cruza una pared y continúa debajo de un enebro; parece que está hueca. Mi opinión personal es que estamos ante un nuevo castro y otra vez sin documentar ni catalogar, circunstancia esta que delata a las claras la dificultad de conservar valiosos documentos del pasado, que se encuentran en el más precario de los abandonos a merced de cualquier arbitrariedad. Llamo la atención desde aquí al Ayuntamiento de Bayubas de Abajo, al que pertenece administrativamente el paraje, para que ponga los medios que estén en su mano para el estudio y catalogación de este yacimiento "sensible". Hay otra posibilidad y es que en este lugar se encontrase el despoblado de Talegones, que Gonzalo Martínez Díez no supo localizar, en su estudio de la Comunidad de Villa y Tierra de Berlanga. O incluso que en este cerro estuviese el famoso castillo de Aguilera, que citan algunos autores y documentos antiguos. O el oppidum que atacó Fernando I en el año 1060, después de Gormaz y Vadorrey ( a solo tres kilometros) y antes de Berlanga. La interpretación de algunos autores basandose en el Silense de que este oppidum estaba en el cerro de la Torre de Morales, podría perder validez si se demostrara que aqui había una fortificación de mas entidad. No tendría mucho sentido que se atacase una simple torre de vigilancia. Entre febrero y marzo de 1994 se rodó otra película en Berlanga, mucho menos famosa que las anteriores, y que tuvo un corto recorrido en las carteleras a pesar de las buenas críticas y de haber sido presentada en el Festival de cine de Sitges. La dirigió Gerardo Gormezano y está basada en la novela del mismo título de Vicente Muñoz Puelles. Director y novelista elaboraron conjuntamente el guión. Entre los actores estaba una espléndida Emma Suárez que dejó muy grato recuerdo entre los que participaron como extras, por su belleza y simpatía. En la novela de Muñoz Puelles, dos hermanos siameses viven unidos para siempre, desde su nacimiento en una isla de Hawai hasta su último refugio en un pantano de Luisiana. Una noche muere uno de ellos, y mientras el otro vela el cadáver y la lenta corrupción de su propio cuerpo, escribe la azarosa historia de dos seres destinados, por su naturaleza monstruosa, a no ser nunca lo que son realmente. Raptados muy jóvenes por un marino inglés para exhibirlos, son secuestrados otra vez, mientras se trasladan a Europa, por el emperador de Siam, coleccionista de rarezas humanas. Tras toda suerte de hazañas consiguen finalmente llegar a Londres, donde se ganan la vida exhibiéndose en extraños ejercicios y despues a los Estados Unidos. Mientras accede al umbral de la muerte, el autobiógrafo revive todos los personajes que fue o pudo ser y, al igual que el dios Proteo, descubre que, al convertirse en cualquiera, en realidad no es nunca nadie. Arriba, cuadro de Rubens (Castor, Pólux y las hijas de Leucipo) Vers le mois d'août 989, Al-Manzor se porta de nouveau sur la Castille, et s'empara, dit Rodrigo de Toledo, d'Aranda de Duero et Alcubilla. Il destruisit Valeranica, aujourd'hui Berlanga. Cette même anée, les puissances chretiennes, Don Bermudo de León, Sancho Abarca, et le comte García Fernández de Castilla, honteux et alarmés de voir les frontieres de Léon et Castille et tout le cours du Duero, dégarnis de défense, les places détruites par un enemi puissant et acharné; convinrent de former une ligne offensive et defensive. (Vicomte de Belsunce. Histoire des Basques) Muhammad ibn Abu Amir nació en Torrox (938) y murió en Rello (1002). De familia terrateniente yemení establecida en la comarca de Algeciras desde la conquista musulmana de la Hispania visigoda. Su abuelo fue médico y ministro de Abderramán III. Estudió Derecho y leyes en Córdoba y, durante el califato de Al-Hakem II, ocupó importantes cargos administrativos, como los de director de la ceca (967) o intendente del ejército del general Galib (972). En 976, la prematura muerte de Al-Hakem II, situó al frente del califato de Córdoba a Hisam II, un niño de once años, lo que aprovechó Almanzor, decidido y ambicioso, para hacerse con el poder. Este mismo año fue designado tutor del joven califa, con la ayuda de la madre de éste, Subh, una cautiva vascona que probablemente era su amante. Al frente del ejercito, decidió expulsar a la mayor parte de los mercenarios eslavos que se habían convertido en una casta de privilegiados, y sustituirlos por unos 20.000 beréberes, reclutados por él mismo en el norte de África, medida que le proporcionó una enorme popularidad. Asimismo, emprendió una profunda reestructuración de sus tropas con el propósito de acabar con su conflictiva organización tribal, dispersando a los cabecillas de cada familia. Su gesta más memorable se produjo el 11 de agosto del 997, cuando destruyó Compostela, respetando sólo el sepulcro del apóstol y obligó a los cautivos cristianos a trasladar a hombros las campanas de la catedral y las puertas de la ciudad hasta Córdoba. Cinco años más tarde, de regreso de una expedición contra San Millán de la Cogolla, cayó enfermo y murió en la Torre Tiñón , entre Bordecorex y Rello, el 10 o el 11 de agosto de 1002, camino de Medinaceli, capital del norte de Al-Andalus, donde reposa. |