|
![]() La vida es el arte del encuentro (Vinicius de Moraes) |
|
De la parte BerlangaArchivos
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2008.
Francisco Sebastián, vecino de Bordecorex, nos envía esta ruta en bicicleta entre su pueblo y la iglesia de Alconeza, que puede verse ampliada pinchando en la imagen. La información es muy valiosa para todos los que todavía no conozcan el despoblado y los restos de su iglesia románica. Francisco, que colabora en el blog de Bordecorex, nos muestra el recorrrido desde Caltojar, aunque también se puede llegar, siempre por caminos de herradura, desde Ciruela, Casillas de Berlanga, Arenillas o Cabreriza. Google maps Fotos de Francisco Sebastian Magistral artículo del Maestro Soros, sobre la feria de la Inmaculada en Berlanga, publicado en su blog Aceptando lo que venga, el 13 de agosto de 2007. Los arrieros del pueblo, que nunca solían ir solos, dejaban Casillas y Romanillos a su izquierda y seguían la carretera blanca hacia Barcones. Apenas dejada atrás la linde entre provincias y mucho antes de que Barcones apareciera, se desviaban con sus reatas por un camino de tierra muy sobado, antigua Galiana de la Mesta, que, por derecho, les llevaba a Arenillas y de allí a Ciruela. Así evitaban el rodeo que da la carretera para pasar por Caltojar y antes por La Riba. Los arrieros se perdían la iglesia románica de Caltojar y la ermita de San Baudelio, que está entre Caltojar y Casillas de Berlanga, pero no creo que les importara mucho. A los arrieros estas sutilezas de turistas, que se pusieron de moda en el último cuarto del siglo XX, les traían sin cuidado pues sus caminos se regían por normas viejas de subsistencia, economía y distancia. Las finezas del arte románico, de las ermitas mozárabes, de las bóvedas de palmera, de los peristilos o los misterios de los eremitas no eran para ellos cosas de utilidad inmediata, ni de méritos muy reconocidos. En Ciruela, a cuatro kilómetros de Berlanga, refrescaban o pasaban la noche, según se terciase, en la posada o venta de la Carretera. A veces, si la cosa se daba bien, en la misma posada se hacía el trato y los interesados se evitaban el acudir a la feria de Berlanga del día siguiente, 8 de diciembre. Eran estas ventas, situadas en las encrucijadas, abundantes en pesebres para las bestias (de algunas se decía que tenían tantos pesebres como días el año) y con amplias salas para que los viajeros, al amor de la chimenea con la lumbre en un hogar a un palmo del suelo, descansasen, se protegieran de las inclemencias del tiempo, comiesen, durmiesen o tratasen. Quien allí vendía o compraba, a su conformidad, iba sobre seguro, pues en la feria se podía vender, se podía comprar o, puede, que ni lo uno ni lo otro. Pero, claro estaba, volverse al día siguiente sin ir a la feria era algo que dejaba cojo el viaje. A la feria de Berlanga, el 8 de diciembre como se ha dicho, acudían de los contornos gran cantidad de paisanos a comprar y a vender, tampoco faltaban los tratantes, ni los gitanos, que casi lo eran de casta, y en los últimos años, antes de que se extinguiera la feria de ganado en aras de la maquinaria agrícola, hasta asturianos y cántabros que bajaban con potros menudos y montaraces de su tierra, cargados en camiones. Por todos los caminos se veía acudir a la gente con su o sus caballerías, solos o en cuadrillas, para vender, comprar, cambiar... o lo que se terciara. Luego unos volverían a casa más contentos que otros. El fuego ha sido el origen de muchas ruinas, no solo en ocasiones de asedio y guerra, sino en circunstancias fortuitas. como indica Clemente Saenz, el Alcázar real de Madrid fue abatido por las llamas en la noche del 24 de diciembre de 1734, reinando Felipe V. El Alcázar de Segovia se quemó en marzo de 1862, y el de Burgos en el año 1736. Otro ejemplo es el de Berlanga de Duero, en Soria, donde, con motivo de los fastos y salvas que se realizaban por la visita del rey Felipe IV, se quemaron la biblioteca y el maderamen del castillo. (Miguel Fraile. Materiales de construcción en los castillos de Castilla y Leon) En el paraje conocido como Santamaría, en el término de Caltojar, dice la tradición oral que hubo un pueblo antiquísimo, que ocupaba ambos lados del río Torete y de la calzada que unía Uxama con Ocilis. El paraje, el cerro y la vieja ermita de la que todavía se guarda recuerdo, conservan ese nombre, que es muy probable que haya eclipsado al verdadero del pueblo, si es que lo hubo, como sucedió en otros lugares abandonados que perdieron su nombre y adoptaron el de la ermita que les sobrevivió. La calzada citada, de la que se ocupó Guillermo García Pérez en uno de sus libros, seguiría el mismo camino que Almanzor, es decir, Berlanga por la calle que baja a la dehesa, tradicionalmente conocida como La Calzada; continuaría por los antiguos itinerarios mas o menos paralelos a la actual carretera, atravesando Ciruela y Casillas, hasta Caltojar, donde un ramal continuaba hasta Sigüenza y otro a Medinaceli, por Baraona, Romanillos, Yelo y Miño. Todavía en algunos tramos es posible ver parte del empedrado original. Hace tiempo descubrí junto al camino de Bordecorex una piedra labrada, que por su parecido con las encontradas en la necrópolis de Baelo Claudia, en Cádiz, supuse que podría ser una estela romana. Hace pocos días volví a pasar por allí y la piedra se había convertido en un poyo para descansar; una muestra más del espíritu práctico de nuestras gentes, casi siempre por encima de cualquier otra consideración artística o espiritual. Gracias a esta piedra descontextualizada, descubrí la existencia de ese pueblo desaparecido de Santa María; oi mencionar la ermita y la maldición de una franja de tierra donde todo lo que se siembra no acaba de dar los frutos esperados, como si algo por debajo se lo impidiera; supe que el arado había sacado a la luz otras dos piedras trabajadas que hasta hace poco estuvieron también al borde del camino, pero que han desaparecido. Lamentablemente poco más se puede conocer de la memoria huidiza de los hombres; habrá que esperar a que el arado nos aclare alguna cosa. Publicado por: A x i n i o © Axinio Valeranicus MMVIII Artículo publicado el 25 de diciembre de 2008, en el blog Meridianos Foto tomada el día de Nochebuena en Belén en 1898. Una ciudad situada a unos 9 km al sur de Jerusalén. Enclavada en los Montes de Judea, en Cisjordania. Donde el castillo de Herodes, son ruinas de lo que una vez fue un inmenso palacio. Un lugar donde las casas parecen de cartón. Y los charcos son irreales como de papel de aluminio. Donde la estrella que guía a los reyes magos es de neón. Un bello lugar, donde la nieve cae muy pocas veces y cuando lo hace, parece harina espolvoreada. Y donde el pesebre, ahora es una estrella de oro. Donde los camellos pasean por sus calles, igual que hace mas de 2000 años. Lugar de peregrinación para miles de personas. Famosas .... ... y anónimas. Ya se trató el tema de pasada en una entrada anterior dedicada a la cruz que bendecía los campos en lo alto del Coborrón. Las fotos de Axinio a pie de campo, nos mostraban claramente los restos de una muralla de unos dos metros de ancho, rodeando la cima. En superficie, afloran restos de cerámica y de antiguos molinos de mano, y se ven también algunos hoyos sospechosos de factura reciente, que pudieran ser obra de buscadores furtivos. La foto aerea que ilustra la entrada, encontrada en Flickr, nos muestra con mucha más nitidez el trazado de la muralla que rodeaba la cima del Coborrón, donde posiblemente esté el antecedente más antiguo de poblacion berlanguesa. Si las administraciones nos dedicaran un poco más de tiempo y de presupuestos, estamos convencidos de que en este lugar se encontrarían interesantes muestras de nuestros antepasados prehistóricos, que eligieron en una época convulsa y llena de peligros, el lugar más inexpugnable de la orografía para tratar de sobrevivir. |