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La vida es el arte del encuentro. (Vinicius de Moraes) |
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De la parte Berlanga
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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2008.
A mediados de 1853 había plazas vacantes de cura en Berlanga y otros pueblos de la diócesis de Sigüenza, a la que pertenecimos hasta 1955. En la Gaceta de Madrid del 9 de julio de ese año aparecía este curioso anuncio de oposición para cubrirlas, con la descripción de las pruebas que deberían pasar los aspirantes. La orden parte de Don Joaquín Fernández Cortina, que ocupó el obispado entre 1847 y 1854, siendo el obispo numero 82 según el cronista Minguella. OBISPADO DE SIGUENZA. Nos, D. Joaquin Fernandez Cortina, por la gracia de Dios y de la Santa Sede apostólica, Obispo de Sigüenza, caballero gran cruz de la Real Orden de Isabel la Católica &c. Hacemos saber que en este nuestro obispado se hallan vacantes diferentes curatos que se han de proveer, como haya lugar, en concurso general, y los que vacaren pendiente el próximo que indicamos por el presente edicto, según el santo concilio de Trento, Bulas apostólicas, art. 26 del Concordato, y sin perjuicio de lo que se resuelva en el futuro arreglo parroquial. Son entre otros el de Adobes, Aillón (Santa María), Alcoroches, Almazán (San Pedro), Baraona, Barcones, Berlanga, Corral de Aillón, La Cabrera, Mandayona y su anejo Aragosa, Mazarete, Medinaceli con sus anejos Lodares y Corbesín, Pelegrina, Ruguilla y Sienes. Por tanto las personas que quieran hacer oposición, teniendo las cualidades necesarias, comparezcan por si o por procurador ante el infrascrito secretario dentro del término único y perentorio de cuarenta días que correrán desde el de la fecha y cumplirán el 15 de agosto. Los opositores han de presentar su partida de bautismo, certificaciones de estudios, títulos de grados literarios, ordenes y cualesquiera documentos conducentes; y los de fuera de la diócesis letras testimoniales de sus ordinarios. Los regulares exclaustrados o canónicamente secularizados exhibirán especial habilitación apostólica, y los no tonsurados la nuestra para obtener curato. Vencido el termino señalado y ocho días más, darán principio los exámenes, consistentes en la versión escrita dentro de una hora del punto de latinidad que se les dictará, y en la respuesta y explicación de cuatro cuestiones de teología moral, deducidas por suerte, que darán también por escrito en idioma latino dentro de tres horas, cuyos ejercicios han de tener lugar en el primer día. En el segundo e igual termino de tres horas, los aspirantes han de escribir en castellano una Homilía sobre el texto de los Santos Evangelios, que asimismo se extraiga por suerte, desempeñando estos trabajos sin auxilio de libros ni de persona alguna. En los días sucesivos, cada opositor sufrirá separadamente otro examen verbal de 20 minutos acerca del punto, cuestiones y plática enunciadas, o de lo que oportuno estimen los examinadores. Censurados que sean por estos los ejercicios con lo demás que convenga, procederemos a lo que corresponda en justicia y nos parezca mas conforme al servicio de Dios nuestro señor y de las parroquias. Dado en Sigüenza, a 6 de julio de 1853 Joaquín, Obispo de Sigüenza. Por mandado de S.E. Ilma. El Obispo, mi señor, Manuel Batanero, secretario. El arciprestazgo de Berlanga lo formaban todas las aldeas de la Tierra excepto tres, Brías, Morales y Bayubas de Arriba que pertenecían a la diócesis de Osma; Brías y Morales y en el arciprestazgo de Gormaz, Morales como anejo de la parroquia de Recuerda, y Bayubas de Arriba en el arciprestazgo de Osma, como anejo de la parroquia de Valverde de los Ajos. La villa de Rello tambien formaba parte del arciprestazgo de Berlanga, aunque en el siglo XVI ya no pertenecía a la Tierra y tenía su propia jurisdicción. La ermita mozárabe de San Baudelio de Berlanga, construída a fines del siglo XI, es uno de los monumentos más originales y emblemáticos del extraordinario patrimonio histórico-artístico que guarda y tutela la Comunidad de Castilla y León. La ’extremadura’del suroeste soriano. Un lugar yerto, aunque de sobrecogedora belleza; con abundantes colinas y páramos, donde sobreviven especies de monte bajo y plantas aromáticas; un lugar, en la actualidad, donde no es difícil observar las evoluciones de diferentes aves rapaces, estáticas como cometas que planean a su libre albedrío sobre infinitos espacios, desafiando a un viento que, cuando se desliza a ras de suelo, levanta torbellinos de arenisca y polvo, susurrando, al oído del visitante que se detenga el tiempo suficiente y quiera escuchar, mensajes de soledad y de enigmática trascendencia. Puede decirse que los cambios producidos en el entorno de San Baudelio a lo largo de los años, son múltiples y variados. De ellos bien podrían hablar los habitantes de los pueblos cercanos -Casillas de Berlanga y Caltojar- y también aquellos otros que residen en la señorial Berlanga de Duero, los mismos que sonríen con natural orgullo cuando observan la admiración con que unos ojos foráneos contemplan, en primer lugar, su castillo y sus murallas, antes de perderse por sus calles y deleitarse con los manjares de sus bares y tabernas. La rama de la palmera, se ofrecía, también, a los vencedores como símbolo de triunfo, y entre los símbolos utilizados por el Cristianismo, tenía varias consideraciones: una como imagen de la Virgen (’esbelto es tu talle como la palmera’, cita el Cantar de los Cantares) y otra como símbolo del triunfo sobre la muerte a través del martirio. No es de extrañar, por tanto, que los mártires sean representados, generalmente, con una rama de palmera en la mano. Incluso, en ocasiones, se puede apreciar dicha rama en la mano del arcángel Gabriel, en algunas escenas de la Anunciación, y sobre todo, cuando éste le anuncia a la Virgen la proximidad de su muerte. C. G. Jung veía en este árbol el símbolo del alma. He aquí, brevemente expuesta, la importancia de dicho árbol y su relevancia como elemento principal de la ermita mozárabe de San Baudelio. Pero no se puede continuar hablando de San Baudelio, sin hacer un pequeño inciso y poner de manifiesto la dolorosa sensación de vacío; de especulación y de amarga burla técnico-burocrática que en 1926 -y con el consentimiento, previo pago, de algunos vecinos de Casillas- permitió que las pinturas de aquélla pequeña ’capilla sixtina’, poco menos que oculta entre los montes y páramos de la Tierra de Berlanga, cruzaran el Océano Atlántico y sean hoy día admiradas en museos foráneos como The Metropolitan Museum of Art de Nueva York, en su sección ’The Cloisters’. Cómo no podía ser de otra manera, tratándose de unos ’expertos en importar Historia ajena’, allí duerme el sueño eterno del exilio la flor y nata de la representatividad pictórica que hizo de San Baudelio un auténtico utensilio de paz, de enseñanza, de civilización y de cultura, y donde, por añadidura, al decir de los expertos, se puede apreciar con mucha mayor determinación la influencia de varios estilos artísticos, que ponen de manifiesto una de las cualidades de tan peculiar y sagrado lugar: la transigencia, en su acepción más pura de convivencia y hermandad. Es por este motivo, triste, vuelvo a repetir, que la fascinación se torna decepción cuando el curioso -alentado por la gratificante sensación que supone encontrarse en un lugar especial- no encuentra rastro alguno del ángel y los soldados ante el sepulcro de Jesús; o la escena donde se representaba a las tres Marías; o aquélla otra, maravillosa en su conjunto y repleta de interesantes, simbólicos y genuinos matices, que mostraba a Jesús devolviéndole la facultad de la vista a un ciego. Tampoco tendrá la oportunidad de poder satisfacer su curiosidad, deleitándose con la observación de los detalles de la resurrección de Lázaro o el milagro de la conversión del agua en vino, correspondiente, este último, al episodio de las bodas de Canaán. Ni de valorar la fuerza emotiva de las tres tentaciones y la entrada, triunfal y majestuosa, de Jesús en Jeruralén... Si alcanzará a ver, sin embargo, en la pared situada enfrente de la puerta de acceso, junto a los escalones de ascenso al coro, algunas huellas, quizás de ésta última escena, y es posible que, a partir de las improntas de las cabezas de los nobles animales, se imagine a Jesús sentado en el lomo de uno de ellos, con los apóstoles caminando detrás de Él. Mal que bien sí podrá intentar poner a prueba el poder de su imaginación, dejando que ésta repase las huellas e improntas que aún permanecen en el lugar, intentado moldear en su mente la fuerza original de expresividad y color, contenidas en las escenas cinegéticas de la caza de la liebre; o aquéllas relacionadas con el guerrero -de probable origen mozárabe- que avanza con el escudo pegado al cuerpo, seguramente encaminándose a alguna batalla imaginaria, o quizás -¿por qué no?- huyendo muy a su pesar del plantígrado que camina a cuatro patas en la pared del coro, no muy lejos de donde se sitúa, con toda su expresividad exótica, la imponente figura de un dromedario. Sólo expandiendo su imaginación, el visitante podrá llegar a representarse un atisbo de lo que fue y significó la ermita de San Baudelio de Berlanga, y quizás comprenda y asuma aquélla significativa y terrible frase de Catalina II de Rusia, que decía: ’lo mío no es amor por el arte, es voracidad, glotonería, ansias de devorarlo y saciarme de él’. Este artículo ha sido cedido amablemente a este blog por Juan Carlos Menéndez, y trasplantado desde ROMANICA, ENIGMAS DEL ROMANICO ESPAÑOL, que es uno de los blogs en los que este madrileño errante descarga su curiosidad y su afan de conocer y de entender lo que le rodea. De sus andanzas por nuestra provincia deja huella en su blog Soria, se hace camino al andar; y tiene espacios dedicados a nuestras provincias hermanas de Guadalajara y Segovia. En una entrada anterior, se hacía referencia al decreto por el que se alteraba el nombre de algunos pueblos con nombres repetidos, convencidos de que estaría incluido Berlanga. No fue así. A través de una valiosa información del Berlangués de Osnabrück, localicé el citado decreto, publicado en la Caceta de Madrid, el día 2 de julio de 1916. En la relación de pueblos dividida por provincias, no aparece Berlanga, por lo que la adaptación del nombre oficial tuvo que ser anterior a esta fecha; cuestión en la que seguiremos investigando. Con estos cambios de denominación, la Sociedad Geográfica, encargada del estudió previo, perseguía la desaparición de la extraordinaria y lamentable confusión originada por el hecho de existir entre los 9.266 ayuntamientos que constituyen la Nación, más de 1.020 con idénticos nombres. Entre los criterios utilizados se hablaba de procurar no alterar los nombres de las poblaciones con más entidad, tener en cuenta los antecedentes históricos para que el calificativo no fuera arbitrario y dar predilección a las palabras que expresan nombre de corriente de agua, montaña, territorio o particularidad geográfica. En la siguiente relación están los pueblos de la provincia de Soria que adaptaron sus nombres, en la que aparece Rebollo, que a partir de esa fecha se llamaría Rebollo de Duero (la foto de arriba es de los últimos niños que tuvo su escuela, en 1970). Hay un paraje con este nombre situado al sureste de Berlanga, al que se accede por el antiguo camino que sale a la izquierda nada más pasar La Talanquera; y en él, como su nombre indica, hubo varias atalayas. Una es fácilmente identificable; se encuentra en la cima de un cerro de forma cónica, donde se aprecian los cimientos y escombros de una atalaya de forma circular de unos 6 metros de diámetro exterior. Al pie de éste cerro en dirección sur, se aprecia lo que pudo ser otra atalaya, y todo el conjunto rodeado de una muralla, dando la impresión de ser un pequeño enclave fortificado. Este paraje de Berlanga siempre ha llamado mi atención, sobre todo el cerro de forma cónica, con los grandes bloques de piedra colocados de tal manera que parece un faro siempre visible en la lejanía. También porque en sus alrededores se han encontrado piezas de piedra pulimentada del periodo neolítico, lo que la gente mayor conoce como "rayos", y porque es en esta zona donde dicen que se encuentra la entrada de la mítica Sima del Coborrón. Confiamos en que alguna vez se haga un estudio exhaustivo de las atalayas de esta parte de Castilla, ya que los realizados hasta la fecha pasan por alto, no solo estas de las que no quedan más que tristes restos, sino algunas otras mejor tratadas por el tiempo. En este video del diario de un burgense, Peridis explica la función de las atalayas, acompañado por algún viejo conocido. En Berlanga, ya mencionamos la de Los Cordeles; hay otra en el mismo pueblo de Paones, embutida entre las casas, y un cerro llamado La Atalaya, 800 metros al SE; otra en Abanco, a la que adosaron un vértice geodésico; unos 1.200 metros al S.W. de Ciruela hay un paraje llamado La Torrecilla; otra en el Cerro de la Torre de Morales; la del cerro de Vadorrey; en Bayubas de Abajo, la Taina de la Hoz; en Aguilera, la del Cabezo y los enigmáticos restos del Esplegarón; en Fuentetovar la del cerro de Torremocha; en Caltojar La Veruela y La Ojaraca; en Bordecorex la Torremocha y posiblemente otra en el cerro sobre el que se asienta el pueblo, de nombre Alto Lutero; tres en Barcones que se llaman Valdelatorre, San Jorge y La Muela; La Torre del Melero en La Riba y un cerro de La Torrecilla, 2.000 metros al S.W.; posiblemente una en Lumías, y en Rello la Torre del Tinón. Colaboración de Axinio Berlanga de Duero. Villa del municipio de Berlanga de Duero, partido de Almazán. Procedentes del cementerio de una aldea próxima a Berlanga son tres piezas visigodas que, tras haber pertenecido a la colección Darío Chicote de Valladolid, fueron trasladadas al Museo episcopal de Vich. Se trata de una fíbula de arco y dos hebillas de cinturón... Angeles ALONSO AVILA. "La visigotización de la provincia de Soria" CELTIBERIA Nº 68. julio-diciembre 1984 Ni en la referencia anterior ni en las que de pasada hace Pérez Rioja, hemos encontrado el lugar del que salieron las tres piezas, ya que no tenemos noticias de necrópolis visigodas por esta zona. Otro frente de investigación queda abierto. Desde este blog hemos intentado ponernos en contacto con el obispado de Vic, hace más de un año, para solicitar información y fotografías de los fondos procedentes de nuestra comarca, sin que hayamos conseguido ningún resultado. Aqui les dejo la dirección y el correo electrónico para ver si alguien tiene mejor suerte: Ilustrísimo Señor Romà Casanova (obispo) c/ Santa María, 1 08500 Vic (Barcelona) En un trabajo de Martín Almagro Basch sobre los materiales visigodos del Museo arqueológico de Barcelona, se dice que hay una placa de broche de cinturón, procedente de Berlanga; y por Perez Rioja sabemos tambien que varias piezas visigodas de Berlanga se encuentran entre los fondos del Museo Numantino de Soria. ’La vida es un viaje, es sólo un único viaje; a lo largo de ella hay sólo un camino, un bosque oscuro, una colina, un río que cruzar, una ciudad a donde llegar; un amanecer, un anochecer; sólo que uno encuentra, muchas veces, cada uno de esos hitos: lo aprehende y lo comprende, lo describe y lo olvida, lo pierde y lo vuelve a encontrar’ John Crowley. ’Aegypto’ Como el protagonista de ésta esotérica novela de John Crowley, confieso que a veces yo también tengo la sensación de vivir, en una aparente realidad, dos historias diferentes. Me ocurre a veces, cuando visito un lugar, y regreso al poco tiempo. Percibo la nueva realidad, y al tratar de compararla con los recuerdos anteriores, siento que me falta algo. Que hay un añadido o una infinidad de detalles nuevos, que hace que vea las cosas de forma diferente. El sábado pasado, mientras recorría parte de la Comarca y Tierra de Berlanga, apenas me abandonaba un instante la curiosa sensación que tenía de que estaba viendo esos lugares, que he visitado tantas veces, por primera vez. Berlanga de Duero, señorial y tranquila; protegida, desde los tiempos en que fuera frontera y vanguardia de la Reconquista, por unas sólidas murallas y un castillo enclavado -cuál nido de águilas- en lo más alto de un promontorio cuya parte trasera, recortada a pico diríase que por el hacha de un gigante, vigila, también, el paso sempiterno y susurrante de las aguas del río Escalote. Solitarias y tristes, las ruinas del monasterio franciscano de Paredes Albas, situadas en un pequeño promontorio al pie de la sencilla y estrecha carretera local que atraviesa el pueblecito de Ciruela; deja atrás Casillas de Berlanga, y antes de llegar a Caltojar, enlaza con una pequeña arteria que desemboca, ascendiendo entre colinas, en la ermita mozárabe de San Baudelio de Berlanga. ¡San Baudelio! Como buen gourmet, es difícil no saborear intensamente los ingredientes que conforman este genuino y auténtico plato fuerte. Trato, por un instante, de imaginarme esos cerros pelados; esas colinas, con sus solitarias quebradas que se extienden hasta el infinito, y por un instante -posiblemente igual de breve que el tiempo de vida de una cerilla- el paisaje se transforma en un bosque tupido; inconmensurable; sobrenatural. Hay una estrella -posiblemente la estrella Polar- que señala el lugar donde hombres santos y eremitas buscan la Luz de Dios en lo más recóndito de su corazón. Después, imagino ver, en la parte más baja del cerro, aproximadamente donde ahora se encuentra la carretera, una senda forestal, por la que huye despavorida la caballería sarracena, derrotada por el empuje incontenible de los reinos cristianos en expansión: entrechocar de espada y cimitarra; relinchos de caballos; gemidos de agonía; enfrentamiento fratricida de culturas... Un ruido de pisadas en la gravilla del camino, convierte mi ensoñación en frágiles pompas de jabón, que no tardan en estallar y desaparecer al entrar en contacto con la realidad. Se trata del guarda de San Baudelio, que se acerca cansino, a desgana, con su rostro adusto y aburrido, posiblemente hastiado de abrir la puerta de la ermita a gente que -en su opinión- no valora en realidad semejante maravilla. Tal vez sienta celos de compartir con alguien una obra de arte que en su momento, algunos vecinos no supieron conservar, y hoy languidecen de nostalgia -cuál emigrante- al otro lado del Atlántico. No son pocas las veces que me he acercado a San Baudelio y siempre me ha llamado la atención este señor, un caso atípico de introversión en la provincia; tan poco complaciente a la hora de permitir la subida de los escalones que llevan al coro, como acceder a consentir la utilización del ’flash’ en la cámara, que poco o ningún daño puede hacer ya a unas pinturas que no existen; tan buen buscador, sin embargo, de excusas formales, en las que siempre tiene la culpa el ’director’, y que me recuerda el fósil antediluviano que continúan siendo los organismos oficiales de este país, y que apenas han cambiado desde los tiempos de Mariano José de Larra y su famosa crítica del ’vuelva Vd. mañana’. Su parquedad de palabras, así como la ausencia de cualquier gesto de benevolencia que, en lugar de hacer la visita un acontecimiento digno del lugar sublime en el que te encuentras, consigue que en el fondo -y por respeto al espíritu sagrado del lugar- humilles la cabeza hacia el suelo como los bueyes, acortando el tiempo que pensabas permanecer en el interior, impregnándote con la esencia del lugar, sabedor que, un minuto más en su compañía, puede significar una retirada de puntos en el carnet particular de tu educación. De retorno a la arteria principal, con un agridulce sabor de boca, el camino continúa hasta Caltojar, distante apenas un par de kilómetros del oasis de San Baudelio. Parten de este punto, otras dos pequeñas arterias: la de la izquierda, lleva a Bordecorex y a la atalaya islámica de La Veruela; la de la derecha, se adentra en el corazón de Caltojar, donde se yergue, sólida y espléndida como una montaña, la iglesia románica de San Miguel Arcángel. Este paladín celestial, guerrero y juez, ángel psicopompo equivalente al Anubis egipcio, preside el pórtico de entrada de este interesante templo románico, quizás uno de los más importantes de la región, habida cuenta de que los que existían en Berlanga, constituyen hoy día el armazón fundamental de la Colegiata de Nª Sª del Mercado. La arquitectura de Caltojar -común a la de muchos pueblos de la provincia- combina las tosquedad añeja de las casonas de adobe y piedra con sabor a tradición, con esa otra fría idiosincrasia que tienen las edificaciones rurales modernas, que tienden a elevarse en varias plantas, estrechas y cubiculadas como juncos, aprovechando hasta el último centímetro de terreno. Por eso, no resulta extraño ver conjuntado un estilo con otro, como si de las piezas de un irregular puzzle inmobiliario se tratara. Dejo atrás Caltojar, cuando las primeras gotas de lluvia comienzan a caer, sin cruzarme con nadie en mi camino de regreso a Berlanga, y aún me queda ruta por hacer. Atrás quedan, también, el castillo y las murallas, así como el desvío hacia el mundo pétreo, espectacular y fantástico de Tiermes. Unos metros más allá, y antes de llegar al rollo gótico o picota donde antiguamente se llevaban a cabo los castigos populares, me desvío por un camino rural, sin asfaltar, que, atravesando extensas llanuras donde en ésta época del año predomina el color verde esmeralda de la hierba en pleno desarrollo, conduce hasta el pequeño pero interesante pueblo de Aguilera. El trayecto es relativamente corto, aproximadamente dos kilómetros, durante los que nunca tienes la sensación de encontrarte aislado -sensación común a otros lugares de la región- pues incluso en la distancia siempre tienes como referencia el espectacular promontorio bajo el que se asienta, así como el obelisco -enhiesto como un mástil- de la iglesia románica de San Martín, un curioso exponente de la arquitectura religiosa y rural del siglo XII. Se comenta que Aguilera fue tierra de templarios, aunque sea difícil encontrar evidencias claras que así lo demuestren, si exceptuamos, como reseña, la curiosa estructura cubicular de la iglesia, que pudiera tener alguna relación. Visto desde el elevado lugar sobre el que se asienta la iglesia -cuando no a través de los arcos de ésta, lo que garantiza, además, la visión de un paisaje espectacular- el pueblo conforma una piña de casas agrupadas que, de alguna manera, recuerda la distribución de los antiguos castros celtíberos. Por supuesto, pasado y presente se hacen el relevo, siempre y cuando no lejos de algunas casas en ruinas, se levantan los cimientos de nuevas construcciones que, a no tardar mucho, irán sustituyendo la morfología de un pueblo con genuino sabor a tradición. Son de destacar, por otra parte, sus bodegas, que, en forma de cuevas o subterráneos, se adentran en el corazón de la colina. Con la grata sensación del humo proveniente de una chimenea -sobre todo ahora que la lluvia comienza a caer con más intensidad- que me recuerda el calor entrañable de un hogar, abandono un lugar que, con o sin templarios, aún mantiene vivo un añejo e inolvidable sabor a tradición. Con un agradable sabor de boca, pues, dejo atrás la Tierra de Berlanga, y sin importarme la lluvia que cae, me dirijo hacia la Tierra de Osma, y más allá, aún, a San Esteban de Gormaz. Pero claro, eso forma parte de otra historia. El video y el artículo son gentileza de Juan Carlos Menéndez, desde su blog "Se hace camino al andar" D’Artagnan es un quinceañero alocado que sale de su casa paterna en la Gascuña, con quince escudos en el bolsillo, un escuálido rocín ocre, un bálsamo capaz de curar heridas, siempre que no estén muy cerca del corazón, una carta de presentación del capitán de los mosqueteros y dos consejos de su padre: "no temas las ocasiones" y "busca las aventuras". En el camino a París pierde la carta, recibe una paliza y se encuentra con una mujer bella y misteriosa que será la causante de muchos de sus problemas posteriores. Dumas padre parece que se inspiró en personajes reales para escribir Los tres mosqueteros en 1844 El mosquetero Celedonio, cien años después, subió a un tren en Soria después de darse una vuelta por una ciudad que no conocía y tomarse unos torreznos en la Casa de la Tía Apolonia, ilustre berlanguesa que tenía taberna en la Plaza de herradores. El tren lo llevaría a Barbastro tras muchas horas de viaje y unos cuantos trasbordos, donde le había correspondido hacer un largo servicio militar. El afan aventurero lo perdió por completo en aquellos duros años de posguerra en los que faltaba de todo, y a él y a sus cinco hermanos, también un trozo de pan con la frecuencia que el cuerpo tiene por necesidad. Los consejos que recibió de su padre fueron los mismos que había escuchado desde que tenía uso de razón: "obedecer y trabajar, que a la gente honrada la quieren en to-los-laos" En Barbastro sirvió en la cocina, y con cama y rancho asegurados, hizo como si no le faltara de nada, mientras soportaba docilmente el tiempo que tenía que pasar entre uniformes. Un capitán de cocina le preguntó una noche que cual era la comida típica de su pueblo, y sin pensárselo dos veces le contestó que el cardo con almendrucos, y le vino a decir, aunque con otras palabras, que en el sabor antiguo de esta comida de invierno, el veía mezclados en su justa dosis todos los olores de Berlanga, con el amor de su familia, mas unas salpicaduras de felicidad. Después de la mili, un pariente le buscó trabajo en una fabrica de harinas de Zaragoza, donde ejercería de bestia de carga hasta su jubilación. El mismo pariente le presentó a la que sería su mujer, una moza de la parte de Agreda que trabajaba de zurzidora en un sótano lúgubre del Paseo de la Independencia, de donde el Celedonio la sacó antes de que perdiera la poca vista que le quedaba después de una rubeola intrauterina. Hasta que murieron sus padres, El Celedonio aparecía un par de veces al año por Berlanga para ver a la familia y pasar unos días entre los paisajes de su infancia, esos que dicen que los lleva uno metidos hasta en el código genético. Después los hermanos, que ya andaban todos bajo otros cielos, vendieron la casa de las Yuberías, y dejó de visitar su pueblo con la misma resignación que había presidido toda su existencia, pero no por ello dejaba de relatar a sus tres hijas y luego a sus nietos, como eran los bailes y las diversiones de aquel pueblo que acababa de pasar por una guerra en la que nadie salió ganando, aunque algunos estuvieran convencidos de lo contrario. Banda sonora: El mojado de Ricardo Arjona (vía Youtube) Baudelio, en griego, significa inasequible al desaliento. Su fiesta se celebra el 20 de mayo. Santo de los inicios del cristianismo, natural de Orleans, que predicó en Nimes cuando esta ciudad occitana pertenecía al mismo reino godo que la península ibérica. Es conocido también como Baudilio, Baudulo, Baudel, Baldiri, Boi y Boal. En un bosque sagrado de Nimes fue martirizado, cuando echaba una enfervorecida reprimenda a los paganos alli congregados, para celebrar las fiestas natalicias en honor a Júpiter. Por el escenario de su muerte se le representa junto a una palmera y un hacha. Cuentan que su cabeza, como la de San Pablo, dio tres botes separada del tronco, de los cuales brotaron tres fuentes. Allí mismo fue enterrado y a partir del siglo IV se comenzó a hablar de milagros, entre ellos las curaciones por tomar hojas de un laurel gigante que había nacido junto a su tumba. Uno de estos milagros fue contemplado por Teodorico, rey ostrogodo, junto a su nieto Amalarico, que sería rey visigodo en el siglo VI. Su fama de taumaturgo extendió su devoción por Francia y España donde es considerado patrón de hospitales y sanatorios. No se sabe cual fue el paradero de su sepulcro, que se disputan varias iglesias. Parece seguro que su cabeza está en Santa Genoveva de París y que sus reliquias fueron dispersadas. Hay noticia de que algunas llegaron hasta Zahara y La Morera, pueblos de Badajoz. Según el Diccionario de Sebastian Miñano y Tomás López de Vargas, de 1827, en la aldea de Nódalo, del Señorío de Calatañazor, se conserva mucha parte de su cuerpo. Nos informa el bloguero de SoriaCasiVerde, natural de este pueblo, que el día de su fiesta se veneraban unas reliquias y una imagen del santo que pudo desaparecer en un incendio, y que en la leyenda local el santo llegó al paraje del Hocino montado en un burro, donde fue recibido por los moradores que inventaron esta coplilla: San Baudelio bendito, de Casillas has venido, en una borriquilla ciega, a las piedras del Hocino. Los de Casillas llegaron a recuperar al santo y ahi es donde los de este pueblo dijeron aquello de "No-dalo" que con tanta gracia contaba el actual alcalde de Caltojar cuando era guarda de la ermita. En muchos otros lugares se ha conservado la veneración de San Baudelio. Tenemos noticia de una ermita de San Baudelio en el pueblo de Cigudosa y de un antiguo priorato de San Baudilio en el pueblo de Samboal, partido de Cuellar, donde hay una hermosa iglesia mudejar dedicada a este santo, iglesias de San Boal en Blascosancho (Avila), Villaflor (Zamora), Zorita de la Loma (Valladolid) y Salamanca. En la foto, sacada de una interesante página sobre el románico (Círculo románico) se ven las figuras hieráticas y sentadas de San Baudelio, en el lado de la epístola (derecha) sin palmera ni hacha, que se han sustituido por un cetro terminado en flor de lis. Esta pintura es de las pocas que permanecen in situ. En el lado del evangelio, llamado asi porque allí se leían estas escrituras cuando el cura celebraba la misa de espaldas al pueblo, vemos tambien a San Nicolás de Bari, con báculo. La pintura original está en un museo de Cincinati. Otro santo que fue muy venerado en los primeros tiempos del cristianismo, que tuvo dedicada una de las antiguas parroquias de Berlanga, y que actualmente tras unas cuantas metamorfosis, es más conocido como Papa Noel. |