Mientras degusto el contenido de la fiambrera de la madre del Bermejo, hay un momento en que pierdo el contacto con el mundo y parece que he llegado al paraíso terrenal. Me siento tan liviano y libre de toda preocupación que no se si achacarlo al chorizo de olla o al enclave tan singular en que me encuentro, o quizás a hallarme debajo de un nogal, que ahora recuerdo, es algo que no debe hacerse aunque no me pregunten la razón, que yo soy de Madrid.
Pese a ello, a que soy de Madrid, nunca llevo reloj y no se el tiempo que pudo durar este éxtasis. No se si conocen el cuento medieval del monje y el pajarillo. El monje sale de paseo y se adormece escuchando el canto de un pájaro. Al despertar y volver al convento se da cuenta de que han pasado trescientos años. Ninguno de los monjes que encuentra lo reconoce. Lo oi por primera vez en Armenteira pero lo cuentan en algunos monasterios mas y ahora, mientras el ruido del primer coche de la mañana en dirección a Caltojar me devolvía al presente me acordaba del cuento y de todas las oportunidades que tiene que haber en estas soledades para recrearlo a pequeña escala.
Dejo la sombra del nogal y deambulo un poco por las estancias abandonadas del molino y por las construcciones que lo acompañan. Allí debería haber un lugar para criar conejos y gallinas, otro para plantar los colmenares. Todos los edificios decrépitos no dejan adivinar su función pero me parece que aquellos seres humanos que les dieron vida tenían mucha más capacidad que nosotros los de ahora, para ser autosuficientes y no depender del exterior. En los duros inviernos, como hormiguitas tendrían casi de todo para vivir decentemente.
Si hasta el vino dicen que lo hacían por aqui, solo tendrían que mercarse unas hojas de bacalao, una congria o unos arenques de vez en cuando, aunque este rio que susurra a mis espaldas, en épocas mas sostenibles, no andaría falto de buenas truchas.
Sigo caminando a la orilla de la carretera por la que pasa otro coche, y van dos, en la misma dirección que antes. Esta carretera no me inspira la misma hostilidad que una de verdad con ruido y coches, como la M40 en hora punta. Aqui puedes ver la cara del que va dentro del coche y eso quieras que no, humaniza mucho una carretera.
Salgo a una zona más abierta, dejando atrás el cañón del rio. El sol ya está alto y se deja sentir. Llego al punto intermedio de mi recorrido que es un palomar con trazas de haber sido también una torre de defensa. Algunos autores dan por buena esta posibilidad ya que comunica visualmente con la de la Ojaraca, pasando por alto el handicap de estar plantada en valle de fácil acceso para el enemigo, argumentando con toda razón que no sería la primera.
En parecida ubicación estarían las de Paones, Liceras, Montejo, Nograles, Mosarejos o la más cercana de La Veruela, que debe hallarse a unos cuatro kilómetros en linea recta de donde me encuentro, al otro lado del rio, o la que hubo en el cerrillo de La Corona por la que tambien voy a pasar. Todos estos datos me los apunté anoche cuando el Bermejo me hizo un resumen del recorrido. Los datos son suyos, las distancias y la información sobre la riada. Todavía me dijo más y es que para algunos tambien el abside de la iglesia de La Riba parece haberse construido aprovechando una torre califal como todas las anteriores, que también estaría en llano.
Mientras me cruzan los dos ultimos coches que pasarán en todo el recorrido es inevitable pensar en la desigualdad entre estas tierras por las que camino y las que he dejado cuarenta leguas más al sur, la densidad de población, la industrialización, las infraestructuras, las comunicaciones, las oportunidades. Hay un abismo que se ha creado sin ningún motivo aparente y no había ninguna razón objetiva para que esta parte de mundo se fuera despoblando mientras otra, a menos de dos horas de coche, esté al borde de la saturación. No me creo eso de que cada tierra tiene lo que se merece. No puedo creerme que las escuelas se queden sin niños y tengan que cerrarlas, que no hagan carreteras, que no haya lugar para las nuevas tecnologías, que un pueblo que tenía 300 habitantes hace unas décadas, tenga ahora una décima parte, sin una desintervención nefasta de los poderes fácticos. No puedo creer que hayamos llegado a este desequilibrio tan grande entre unas tierras y otras con parecido tejido geográfico. Algo se ha debido hacer mal desde arriba. La tela de araña que debería ser España está rota por esta tierra llena de molinos abandonados, de pueblos sin niños, de escuelas cerradas...
Ya hace tiempo que se me ha acabado el agua de la cantimplora y el Bermejo olvidó decirme donde podría reponerla, asi que voy a acelerar un poco el paso para llegar cuanto antes a Caltojar, donde me espera otro amigo, al que conozco de Madrid. Tengo unos cuantos amigos que viven en Madrid y son de por aquí, muchos vecinos del sur de Soria. Algunos llevan en sus coches la pegatina del caballo de Numancia, aunque hayan nacido ya fuera de sus pueblos de origen. Va a ser dificil que vuelvan, ni ellos ni sus hijos, pero todos se sienten de aquí y a todos, y a mi, les gustaría que estos pueblos desaparecieran, porque cuando un pueblo desaparece todos somos un poco más pobres y estamos un poco más solos.
Ramiro (el amigo del Bermejo)
Se acaban de cumplir diez años de la muerte de Cela, que nos dejó un montón de páginas de buena literatura de viajes a pie. A él va dedicada esta crónica y a todos los que siguen sus pasos, como este blog de Berlanga que pasito a pasito, sin prisa, nos va dejando un montón de impresiones.
La cuestión era que yo venía a pasar el fin de semana por estas tierras de las que tanto había oído hablar. Era finales de agosto y llegué a La Riba de Escalote con mi amigo El Bermejo, que me alojó en casa de su madre la noche del viernes. Anduvimos por el pueblo y sus alrededores aprovechando toda la luz del día y el calor de la estación y de la gente, amable y cercana, hospitalaria con el forastero que venía de visita. Cuando se hizo de noche cenamos con la mejor armonía y después de la última tertulia y sobremesa, dormí de un tirón hasta las nueve, en que la madre del Bermejo ya me tenía preparada una fiambrera con dos generosas porciones de tortilla de patata y cuatro piezas de chorizo en adobo, un buen trozo de pan, no recuerdo si de Valdelcubo o de Barcones y una bota llena de clarete de la Ribera. Y me puse a andar con la intención de llegar a Caltojar a la hora de comer, donde me esperaba otro amigo, con el que volvería a Madrid el domingo por la tarde.
Al poco de tomar la carretera de Berlanga, me encontré con esta atalaya en lo alto de un cerro; una de las muchas que jalonan estos valles. Antes de que en el siglo XV se aceptara comunmente que la tierra era redonda, estaba muy extendida la creencia de que el mundo tenía forma de seno y que en el centro había un monte, a modo de pezón, que por estar más cerca del cielo, era nada menos que el Paraiso terrenal.
Estas torres cilíndricas, casi todas aunque hay una muy cerca de esta que es troncocónica, son como pezones en lo alto de un monte, y por aquí además, al otro lado del cerro hay un sitio al que llaman Valparaíso
Pasada la Torre del Melero, la carretera se encajona, junto al rio, en un pequeño cañón, en cuya pared izquierda voy descubriendo según camino, a una treintena de buitres descansando placidamente en las viseras y covachuelas de la roca, sin mostrarse perturbados por mi presencia.
Ya llevo un buen trecho de camino y aun no me he cruzado con ningún coche. En la pared derecha del cañón veo una inscripción a la altura de mis ojos que informa de la altura que alcanzó el rio Escalote desbordado, en la riada ocurrida un jueves, 24 de julio de 1952. En aquella tarde de verano el campo estaba lleno de segadores (y segadoras también) recogiendo la mies. El cielo se oscureció tanto que parecía que iba a anochecer y se originó una tormenta descomunal, como en algúna novela de García Marquez o en aquella Mazurca de Don Camilo, que descargó tanta agua que desbarató las cosechas y destrozó las huertas de toda la ribera del Escalote, y además mató muchos animales que no podían salir volando como estos buitres de las rocas.
Llego al molino que dicen que perteneció al poblado de Valparaíso, que es ahora una finca agricola pero que un día fue un oasis lleno de frondosidad, con norias y canalizaciones de agua por todas partes, que convirtieron una gran extensión de terreno llano y de buena calidad, en un vergel con miles de árboles frutales, huertas de las mejores hortalizas, hasta vides dicen que plantaron, y rebaños de ovejas y vacas a las que nunca faltaban pastos. En el poblado vivían los trabajadores de la tierra, que nunca les perteneció, los pastores y algun menestral, hasta que por la falta de cuidados, el desentendimiento de los oligarcas que andaban de baile en baile por Madrid, o por alguna crisis profunda provocada por una de las muchas guerras en que nos metieron, de poblado pasó a despoblado, luego a granja y después a simple finca.
El molino funcionó hasta los años 60 ó 70. Los molineros aguantaron unos años en estas soledades y por fin cerraron la puerta y se fueron a la residencia de Berlanga. Aquí detengo mi camino y me siento junto a una enorme noguera a dar buena cuenta de la fiambrera.(Continuará)
Mil disculpas a ustedes amables usuarios… me confundo con la festividad navideña y con la Saturnalia. Es que, ustedes saben lo que dice el dicho… “Lo importante no es llegar, sino llegar de primero” de ahí mi confusión. Porque “Casualmente” coinciden en estas fechas la antigua festividad romana con la más reciente celebración de la Natividad.
Las Saturnales (en latín Saturnalia) eran una importante festividad romana. El Sol Invencible (Sol Invictus) era otro de los dioses favoritos, cuyo nacimiento se celebraba el 25 de diciembre. Se las llegó a denominar "fiesta de los esclavos" ya que en las mismas, los esclavos recibían raciones extras, tiempo libre y otras prebendas; eran como Navidad y Carnaval al mismo tiempo. El Cristianismo de la antigüedad tuvo fuertes problemas para acabar con esta fiesta pagana, intentando sustituirla. ¿Adivinen por cual fiesta Cristiana?
Las Saturnales se celebraban en honor al dios Saturno, (La fiesta del triunfo)
Se celebraban del 17 al 23 de diciembre en honor a Saturno, Dios de la agricultura, a la luz de velas y antorchas, se celebraba el fin del período más oscuro del año y el nacimiento del nuevo período de luz, o nacimiento del Sol Invictus, 25 de diciembre, coincidiendo con la entrada del Sol en el signo de Capricornio (solsticio de Invierno).
Probablemente las Saturnales fueran la fiesta de la finalización de los trabajos del campo, celebrada tras la conclusión de la siembra de invierno, cuando el ritmo de las estaciones dejaba a toda la familia campesina, incluidos los esclavos domésticos, tiempo para descansar del esfuerzo cotidiano. Cuando las tareas en el campo se terminaban y llegaba la noche más larga, los romanos se relajaban, colgaban la toga en el armario, se vestían de forma informal y se olvidaban por unos días de las reglas que los oprimían durante el resto del año. Todo empezaba en el templo de Saturno, con un estupendo banquete (lectisternium) y al grito multitudinario de “Io, Saturnalia”.
Eran siete días de bulliciosas diversiones, banquetes e intercambio de regalos. Las fiestas comenzaban con un sacrificio en el templo de Saturno (en principio el Dios más importante para los romanos hasta Júpiter), al pie de la colina del Capitolio, la zona más sagrada de Roma, seguido de un banquete público al que estaba invitado todo el mundo. Los romanos asociaban a Saturno con el dios prehelénico Crono, que estuvo en activo durante la edad de oro de la tierra. Durante las Saturnales, los esclavos eran frecuentemente liberados de sus obligaciones y sus papeles cambiados con los de sus dueños.
Oficialmente se celebraba el día de la consagración del templo de Saturno en el Foro romano, el 17 de diciembre, con sacrificios y un banquete público festivo. Pero esta fiesta era tan apreciada por el pueblo, que de forma no oficial se festejaba a lo largo de siete días, del 17 al 23 de diciembre. Las autoridades estatales se vieron obligadas a atender a la costumbre popular, visto el fracaso que supuso intentar reducir a 3 ó 5 días de celebraciones. A finales del siglo I, las vacaciones judiciales se prolongaron definitivamente a cinco días.
En las fiestas Saturnales, los romanos amigos y familiares, se hacían regalos como los que se hacen en la fiesta de la Navidad, ya que la Navidad está basada en las fiestas Saturnales. Estas fiestas estaban dirigidas por un sacerdote, que cambiaba según el dios al que se le daba culto, el sacerdote se elegía en un colegio de sacerdotes...
Pero, como ocurre ahora con la Navidad, también había quien no quería ni oír hablar del tema: Plinio el Joven (63-113) cuenta que se aislaba en unas habitaciones de su Villa Laurentina: “Especialmente durante la Saturnalia, cuando el resto de la casa está ruidosa por la licencia de las fiestas y los gritos de festividad. De esta forma, no obstaculizo los juegos de mi gente y ellos no me molestan en mis estudios”. Cicerón (106 a.C-43 d.C) también se refugiaba en su casa de campo.
Los romanos salían a la calle a bailar y cantar con guirnaldas en el pelo, portando velas encendidas en largas procesiones. La Saturnalia era una ocasión para visitar a los amigos y parientes e intercambiar regalos. Lo tradicional era regalar fruta, nueces, velas de cera de abeja y pequeñas figuritas hechas de terracota.
Quizás lo más curioso era el intercambio de roles: los esclavos actuaban como amos y los amos como esclavos. Incluso se les dejaba usar las ropas de su señor. Ese trato era temporal, por supuesto. Petronio (396-455) hablaba de un esclavo imprudente que preguntó en algún momento del año si ya era diciembre.
Los hijos también invertían los papeles con sus padres y pasaban a ser los jefes de la casa. Además, cada familia tenía que elegir un Rey de la Saturnalia, o Señor del Desgobierno, que podía ser un niño. Ese “rey de mentira” presidía las fiestas, y se le tenía que hacer caso, por muy extravagantes y absurdas que fuesen sus órdenes. Durante las fiestas se cerraban las escuelas, los tribunales y las tiendas, se paraban las guerras, se liberaba a los esclavos, y los romanos cometían todo tipo de excesos con la bebida y la comida. Era la fiesta de la libertad y la desinhibición, y se organizaban juegos, bacanales, bailes de máscaras y espectáculos desenfrenados que estaban prohibidos el resto del año. Los cristianos utilizaban el término “saturnalia” cuando querían decir orgía.
l final de la Saturnalia, el 25 de diciembre, se celebraba el nacimiento del Sol Natalis Solis Invictis (nacimiento del sol invencible) personificado en el dios Mitra. Aunque el culto a Mitra tenía orígenes persas, se convirtió en la religión dominante en Roma, especialmente entre los soldados. Después del día 25, empezaba el festival de Sigillaria, dedicado, sobre todo, a hacer regalos a los niños: anillos, muñecos de terracota, sellos, tablas de escritura, dados, pequeños objetos, monedas, y, ¡bolsas llenas de canicas! Hay muchos bajorrelieves y documentos que reflejan a los niños romanos jugando a las canicas durante la Saturnalia.
Durante estos días, se decoraban las casas con plantas verdes, se encendían velas para celebrar la vuelta de la luz, y se colgaban figuras de los árboles. Pero no metían árboles dentro de casa. Los romanos sólo adornaban los que estaban plantados en la tierra. La tradición del árbol de Navidad tiene sus orígenes en el siglo XVI.
*Legalización Cristiana*
Hacia la época del Emperador Constantino I (272-337), el cristianismo había avanzado muy poco y Roma era predominantemente pagana. El mitraísmo era la religión dominante y el cristianismo era ilegal. Pero Constantino I cambió las cosas después de tener una visión, antes de una batalla, en el año 312. Se dedicó a favorecer el cristianismo, sin dejar de rendir culto a los dioses paganos de Roma. Por ejemplo, uno de los dioses romanos más populares era el Deus Sol Invictus, y los romanos lo adoraban un día a la semana, el Dies Solis como en inglés, “sunday" = "día del sol”). Constantino, que era sumo sacerdote en el culto a Sol Invictus, decretó que ese día fuese también jornada de descanso y adoración para la los cristianos.
En el año 321, Constantino legalizó el cristianismo, y declaró que el día del “nacimiento del sol invencible”, que se celebraba el 25 de diciembre, debía ser considerado como una nueva fiesta cristiana para celebrar el nacimiento de Cristo. Con estas tácticas, no se alteraba el calendario romano, y las tradiciones paganas se fueron adaptando al cristianismo. En el 350, el papa Julio I reconoció oficialmente el 25 de diciembre como la Fiesta de la Natividad. La Navidad llegó a Egipto hacia el año 432, y a Inglaterra al final del siglo VI. Alcanzó los países nórdicos a finales del siglo VIII. En la actualidad, los cristianos occidentales lo celebran el 25 de diciembre pero los ortodoxos lo hacen el 6 de enero, basándose en las referencias de un académico griego, Clemente de Alejandría, que a su vez escribió sobre otro maestro griego, Basillides, que dijo que Jesucristo nació el 6 de enero. Clemente se refiere a la Fiesta de la Epifanía, que en España se celebra como el Día de los Reyes Magos.
Los primeros estudiosos cristianos, como el teólogo Orígenes (185-253), condenaban la celebración del nacimiento de Cristo “como si fuese un faraón”. Decía que sólo se festejaba el nacimiento de los pecadores y no de los santos. Hoy, algunos grupos fundamentalistas, como los testigos de Jehová, no celebran la Navidad, por su origen pagano. Tampoco los cumpleaños, por cierto. Todavía hoy, muchas culturas celebran el solsticio de invierno. Para los pueblos indígenas, como aimaras, quechuas, rapanui y mapuches, la llegada de estas fechas coincide con la tradición de agradecer por el año anterior y pedir al padre Sol que retorne con mayor fuerza después de su retiro invernal.
La Saturnalia y las fiestas en torno al solsticio de invierno trataban de la familia, la fertilidad, el cambio, la renovación, la protección, el nuevo ciclo. Diciembre siempre has sido una época para la rebelión, la celebración, la esperanza. Sería una buena idea adoptar algunas de esas tradiciones paganas que se han perdido por el camino. Por ejemplo, el intercambio de papeles: con los niños, con los empleados, con los alumnos,...
Frances Bernstein, en su libro Classical Living: Reconnecting with the Rituals of Ancient Rome, dice: “¡Agita las cosas un poco! ¡Haz lo inesperado! Porque estas acciones pequeñas recuerdan el espíritu de la Saturnalia y tienen importancia religiosa, al conectarnos directamente con la Naturaleza”.
Amigo Creyente Lector; hay dos buenas razones para considerar nuestra tradicional celebración de la Navidad como una farsa más de los manipuladores habituales de las masas como lo son la religión y la política:
- Es muy probable que Jesús nunca existió de forma histórica, por lo que toda esta celebración es falsa y sin fundamento.
- La celebración de la fiestas navideñas no es más que un simple copia o adaptación de una fiesta pagana romana en honor al Dios Saturno; y que la religión convirtió convenientemente en una fiesta Cristiana.
Pero amigo lector no me malinterprete. No estoy en contra de celebrar estas fiestas (estoy en contra de los motivos); Creo que cualquier pretexto es bueno para celebrar en familia y compartir regalos, abrazos y buenos deseos. Simplemente debemos tener bien clara la naturaleza de lo que celebramos. Por esta razón le deseo a usted que lee estas líneas que disfrute al máximo estas fiestas; lleguen estos deseos a su familia y seres queridos. Que las personas que han leído algún artículo de este sitio y más aun las que nos siguen y comentan, que tengan unos días de acercamiento y reflexión, y sobre todo de descanso y renovación. Les deseo de corazón lo mejor en estos días de festividades.
¡Io Saturnalia! ¡Ave Sol Invictus! ¡Feliz Navidad!... perdón, perdón de nuevo… es la costumbre… ¡Felices Fiestas!
Aunque recuerde un título de película de García Berlanga, lo que voy a contar es historia verdadera. Qué digo, contar; casi revelar, porque esto lo sabe poquísima gente, incluso en la propia Berlanga.
La Colegiata se titula de Nuestra Señora del Mercado. Que no es ningún misterio mariano, sino el mercado o feria que allí delante se celebraba cada año por la Candelaria, del 2 al 9 de febrero, con gran golpe de público.
A la feria de 1587 llegan, entre los feriantes, dos hermanos plateros de Huete (Cuenca), Pedro y Bautista Rodríguez. Algo retrasados venían, porque al Pobre Pedro por el camino le había dado una jaqueca que lo tuvo tres días perdido, sin poder siquiera abrir el ojo derecho.
El día 9, último de la feria, que cayó en lunes, oyen misa en la colegiata. El doliente debía de parecer un jamelgo de picar toros, pues como buen jaquecoso se había encasquetado un ‘tocador’ que le tapaba el ojo y la parte dolorida.
Les habían hablado de las virtudes de un Santo Cristo nuevo, depositado en la iglesia hacía poco por su dueña, doña María Girón, mujer del Condestable y Duque de Frías don Juan Fernández de Velasco. Era una hermosa talla italiana en marfil, de poco más de un palmo, sobre cruz de ébano.
El ‘Cristo de Lepanto’, le decían. Uno de tantos que para la ocasión bendijo el papa san Pío V. Uno de ellos se guarda en El Escorial, regalo del pontífice a Felipe II. Este otro se lo había dado Sixto V al Duque en 1585. Y aunque pasaba (y pasa) por haber asistido a la batalla de 1571, blandido por un fraile capuchino en el fragor del combate, lo contrario era más cierto: que no estuvo allí, pues el fraile capellán no fué a Lepanto, sino a Chipre, y además se murió en el viaje. Es lo que me consta por documentos que, una vez más, pulverizan bonitas leyendas.
Este crucifijo pidió ver y tocar el migrañoso, con esperanza de curarse, pues perdido el negocio de Berlanga, todavía les quedaba la superferia de Tendilla, en la Alcarria, que se abría el 24 y duraba un mes, con mucho negocio de paños finos, joyas y plata.
El sacristán de la colegiata le mostró la imagen. Lo que después pasó entre el enfermo y el Cristo figura en un atestado expedido tres días después, a instancias de un clérigo en representación de doña María. Cuya sustancia es, que
“habiendo ido el dicho Pedro Rodríguez platero a le adorar, y habiéndole adorado al dicho santo Crucifijo, y puesta la corona de él en el ojo que tenía enfermo y malo, fue nuestro Señor servido que luego al punto se le quitó la dicha enfermedad y dolencia que tenía, y totalmente quedó y está sano y bueno; y nunca más ha tenido la dicha enfermedad. De lo qual se vio y manifestó clara y distintamente, así porque el dicho Pedro Rodríguez se quitó luego el tocador que tenía puesto en la cabeza, y abrió y cerró y pestañó el ojo, lo qual no podía hazer de antes…”
Aquella instancia tenía por objeto que el Corregidor de la villa, licenciado Garibay Zuazola, ordenase una encuesta pública en forma, “para que conste… y venga a noticia de todos el dicho milagro”. Curioso: la dueña del Santo Cristo pide tal “justicia” al juez nombrado por su marido, de quien dimana el poder señorial –simbolizado aquí por el rollo de Berlanga, el más vistoso de la provincia–.
No menos curiosa la deposición de un fray Antonio Escudero, franciscano, comisario de la bula. El cual como ‘testigo’ (sic) declara bajo juramento:
“Que, el miércoles de la ceniza próximo pasado, este testigo confesó y comulgó al dicho Pedro Rodríguez, y en todo lo que le trató y comunicó en lo espiritual y temporal coligió de él ser un hombre muy honrado y buen cristiano…, y le tiene por persona que piadosamente [no] dejara de decir verdad, especialmente con juramento y en negocio tan grave como este.”
El tal “miércoles pasado” era literalmente “ayer”, la víspera de la declaración. Ese día de penitencia, el padre Comisario bulero andaría ocupadísimo, como un feriante más en su tenderete, voceando sus bulas para que las gentes pudiesen aligerar la abstinencia cuaresmal. Los feriantes a buen seguro no escaparon al celo del religioso, que aparte de colocarles las sendas bulas les invitaría a cumplir con pascua. Los buenos plateros, producida la curación el lunes y citados a declarar, obraron sabiamente acudiendo al fraile a confesarse con él y cumplir con Pascua a cambio de la papeleta correspondiente, y de paso captarían su benevolencia comprándole bula. Fuera de eso, el fraile no conoce a su penitente de nada, y así es bien poco lo que puede ayudar.Las versiones del enfermo curado y de otros dos testigos, con ser tan pocas, tienen el mérito de ser divergentes. Como por lo demás suele ocurrir en estos milagros un poco embarullados. Según Pedro, lo que él hizo fue pasar un rosario por la cabeza del Cristo, y al hacerlo cayó rodando por el suelo la pequeña corona de espinas, que todos buscaron y él mismo, a pesar de su jaqueca, encontró y puso en contacto con el ojo doliente, quitándose el dolor al instante. Y lo que es más extraño, “nunca después acá ha sentido ninguna cosa de la dicha enfermedad”. Es decir, en dos días y medio no le repitió la migraña. Una curación definitiva, lo que vulgarmente se dice.
Divergente es también el sacristán o ‘sagrariero’. Del incidente de la corona caída, lo que a él le importa es que volvió a su lugar en la cabeza del crucifijo, sin mayor protagonismo en la cura milagrosa, que fue obra de la imagen entera. Cada versión responde a las preocupaciones del testigo, como suele ser en estos casos.
Así, sin fiscal ni abogado del diablo ni informe pericial, el corregidor Garibay dio por concluido el expediente. No se llamó a ningún médico que dictaminase sobre el mal y la curación; y para teólogo fue suficiente el fraile bulero. Nos quedamos con la curiosidad, o si se prefiere, con las ganas de saber si Pedro Rodríguez tenía antecedentes de jaqueca, que con tanta presteza se auto diagnosticó.
La jaqueca es una patología epileptoide, tan conocida como inciertas son sus causas, y aleatorios sus remedios. Entre estos, sin embargo, no se contempla el contacto con una corona de espinas, aunque sea la de un santo Cristo. También es sabido que los ataques remiten por sí solos, durando por lo general no más de tres días, y a veces el alivio se produce con rapidez. Fuese jaqueca “de libro”, u otra forma de cefalea seudo-jaquecosa, o en fin, alguna neuralgia facial, no entremos en ello, pues ni pone ni quita mérito al milagro.
En realidad, ni siquiera conocemos el objetivo real de la supuesta averiguación y “justicia” reclamada por la Duquesa. En plan especulativo, recordemos que en 1587 se tramaba la conquista de Inglaterra con aquella gran Armada que pasó a la Historia como ‘la Invencible’. En tal ambiente de entusiasmo religioso prebélico no quedaron sin promocionarse los “Cristos de Lepanto”.
El Cristo milagroso es inútil buscarlo hoy en la Colegiata de Berlanga. Doña María Jesús nada dice de él. Con buen acuerdo, su propietario don Juan, ya viudo de doña María, sopesó el riesgo que corría una pieza tan pequeña, de materiales preciosos como el marfil y el ébano, a riesgo de dejarse la corona, y quién sabe si el bulto todo, entre dedos demasiado devotos. Berlanga se quedó sin milagro.
El Cristo lepantino, o a lo menos elefantino, vino a parar al mismo convento que la sordomuda doña Juliana. En el museo de Santa Clara de Medina podemos verlo, entre el legado artístico de don Juan Fernández de Velasco. Por cierto, sin la corona de espinas. ¿Qué habrá sido de ella?
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[1] Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las Indias. I p., l. 8, cap. 1, 10; ed. J. Pérez de Tudela, BAE, Madrid, Atlas, 1959, 1: 248.
[2] Estrella Figueras Vallés, Fray Tomás de Berlanga. Una vida dedicada a la Fe y la Ciencia. Soria, 2010.
[3] Archivo de Sta. Clara, Medina de Pomar, sig. 01.39 (Berlanga, 12 Febrero 1587).
[4] Ibíd., Perg. 150, 6): Certificación del crucifijo (Roma, 1 Mayo 1586).
Ante la previsible aprobación de la polémica “Ley Sinde”, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet seguimos manifestando –como hicimos en el Manifiesto de 2 de Diciembre de 2009- nuestra firme oposición a una norma que incluye modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet.
En principio no parece de recibo que un Gobierno en funciones adopte esta decisión en su último o uno de sus últimos Consejos de Ministros. Sería doblemente grave que se confirmaran las presiones ejercidas por EEUU, a través de su embajada en Madrid, como revelaron los cables de Wikileaks.
En todo caso insistimos en estos razonamientos:
1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.
El monumento se abre mañana (25 de noviembre de 2011) al público con su horario habitual tras permanecer cerrado, excepto los fines de semana y los días 31 de octubre y 1 de noviembre, desde el pasado 5 de octubre, fecha en la que se iniciaron las obras.
El Ministerio de Cultura, a través del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), en colaboración con la Junta de Castilla y León, ha realizado la restauración de las pinturas murales de la ermita mozárabe de San Baudelio de Berlanga, situada en la localidad soriana de Casillas de Berlanga.
Esta actuación contempla la limpieza y consolidación de las pinturas de la bóveda que están afectadas por hongos y humedades que también afectan a la bóveda. El coste de la actuación es de 21.240 euros y tenía un plazo de ejecución de dos meses.
La intervención ha servido para eliminar las manchas producidas por los hongos con una limpieza mecánica y una limpieza hidro-alcohólica con función fungicida deteniendo el riesgo de deterioro. Al mismo tiempo se ha aprovechado para revisar el estado de conservación de las pinturas murales de la nave central y, en los lugares donde existían signos de separación se ha procedido a su consolidación.
Las pinturas que decoran la bóveda de la ermita datan de principios del siglo XII y representan escenas del ciclo de la Natividad, como la Anunciación y la Adoración de los Reyes Magos. Fueron arrancadas en 1964 y reubicadas por el IPCE en una intervención ejecutada en 2001 y 2002.
En el período de enero a octubre de 2011 han visitado el monumento 14.222 personas, 16.462 lo hicieron en 2010 y 74.662 en 2009, coincidiendo con la organización en Soria de la exposición “Paisaje Interior” de Las Edades del Hombre.
La Ermita de San Baudelio fue declarada Monumento Histórico Artístico en 1917 (R.O. 24-VIII-1917). Actualmente está catalogada como Bien de Interés Cultural Inmueble (BIC) con categoría de Monumento, de acuerdo a las Leyes 16/1985 de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español y 12/2002, de 11 de julio, de Patrimonio Cultural de Castilla y León.
Del resultado de las elecciones generales celebradas el domingo, sacamos las siguientes conclusiones, con el debido respeto y consideración:
-En Soria solo teníamos dos diputados que elegir, por lo que se sabía hace mucho tiempo quiénes iban a ser. Por si las matemáticas no fueran suficientes, los sondeos daban por seguro día tras día que eso iba a ser así y que no tenía vuelta de hoja, con lo cual los sorianos sabíamos quienes iban a ser los elegidos bastante antes de tener la oportunidad de elegirlos.
-Pregunto: ¿si los sondeos daban el resultado machaconamente, no es posible que condicionaran de algun modo mi voto libre y soberano?, quiero decir que si se que lo que el cuerpo me pide votar no tiene ninguna posibilidad de salir elegido, porque me lo repiten las encuestas en todos los periódicos y medios de formación de masas en general, ¿no me estarán induciendo a votar otra opción cuyo exito me aseguran los medios? y ¿no irá eso en contra del voto libre y soberano de los individuos?
-A pesar del maltrato que Soria ha sufrido tanto por el partido ganador, como por el perdedor, esta provincia sigue votando mayoritariamente a estos dos partidos y esto habla muy a favor del sentimiento de comunidad de sus habitantes. Ahora que se da mucho espacio y se dará mucho más a las opciones que no defienden intereses generales de todos, Soria vuelve a dar ejemplo de fraternidad y de grandeza de espíritu, sacrificando su porvenir por el de todos.
-Cómo seguimos pensando que las encuestas influyen en el voto, ¿por qué no se prohiben, como en otros paises civilizados, durante el periodo de campaña electoral?
-Desde muchos foros se critica hoy la vigente ley electoral por injusta con las minorías, argumentando que el voto de los españoles vale mas o menos según donde tengan la suerte o la desgracia de residir. Nadie habla de Soria ni de Teruel ni de Guadalajara, ni de las provincias de la España abandonada en general, ni mencionan la injusticia de que Soria, con la misma extensión que Madrid, tenga solo dos diputados frente a treinta y seis; con mucha menos población, cierto, pero con treinta veces más iglesias románicas, cuarenta veces más castillos y el cuadruple de masa forestal, entre otros datos a cual más abrumador favorables a Soria. La vigente ley electoral es injusta porque discrimina a las provincias poco pobladas cuando las necesidades de estas suelen ser inversamente proporcionales a su población.
La Academia de la Historia está digitalizando sus fondos; encomiable labor que afortunadamente cada vez se está extendiendo más entre las instituciones. Gracias a este trabajo hemos encontrado un mapa de la diócesis de Sigúenza del año 1781, con muchas curiosidades toponímicas, en el que aparece delimitado el Arciprestazgo de Berlanga, que tuvo vigencia hasta la nueva configuración de las diócesis españolas tras el concilio Vaticano II.
Pinchando dentro de la imagen se accede a la página con el mapa en alta resolución.
De la cruz de Martín Sanz, colocada a mil pasos exactos de la muralla nueva en dirección sureste, dice Juan Manuel Bedoya que "a mitad de camino o paseo entre la villa y convento de Paredes Albas, hay una elevada y hermosa cruz de piedra sobre un pedestal o gradería de lo mismo, que costeo un Martín Sanz, cuyo nombre lleva" sin que nos añada ninguna pista sobre el benefactor ni sobre la fecha de su construcción.
Se trata de una sencilla pero esbelta cruz de término o humilladero, levantada como testimonio de fe o tal vez como agradecimiento por algúna sanación. La cruz que la corona es de tipo patriarcal o de Caravaca.
A raíz de la remodelación del camino que antes fuera calzada romana y cañada real de las merinas, ha quedado este monumento bastante desprotegido y a tenor de que el día menos pensado las aguas que bajan del barranco socaven sus cimientos.
Paseando por las Yuberías nos hemos vuelto a encontrar con esta estructura de hierro y hormigón que sujeta las fachadas de unas casas que compró el ayuntamiento y que se supone se deberian conservar para el proyecto del museo hebraico con el que nos deleitaron en la prensa provincial durante la pasada legislatura.
Los años han pasado y todo sigue igual o peor, la estructura sigue ahí sujetando unas fachadas en ruinas, y según nos cuentan, soportando los siete mil euros de alquiler anual que revertirán con seguridad en el bolsillo de cada contribuyente.
Por si a alguien se le ocurre resucitar el proyecto de museo sefardí, espacio tenemos de sobra en la torre de los marqueses o en ese museo cerrado que se hizo en los lavaderos.
Ahora parece que lo que nos venden es una recreación de San Baudelio en La Tercia, inmueble que también compró el ayuntamiento. Que se arreglen casas en ruinas nos parece la mejor idea del mundo, pero hacer una replica de la ermita de Casillas en la calle del Matadero Viejo de Berlanga o en un hotel balneario en El Burgo, nos parece cuando menos innecesario. Lo que hay que hacer es ir a ver la ermita en directo, que está bien cerca.
Hoy, miércoles, es día de mercado en Berlanga. El taxista de Almazán me deja en la plaza Mayor, abigarrada, graciosa en la pobre irregularidad de sus viviendas de dos plantas, con soportal sostenido por postes de madera. No es un mercado importante; debió de serlo en un ayer difícil de precisar ("Ahora somos mil cuatrocientas personas, la mitad que antes".)Hay a la venta pollos de quince días (dan siete por cien pesetas) y pollas algo mayores (a treinta pesetas cada una). Unos y otras vienen con sus vendedores desde Ciudad Real. Además, objetos de plástico, de un verde o un amarillo triste, sintético; telas y ropas hechas, caramelos, ajos, cebollas, alubias blancas y negras, garbanzos, algo de verdura, peras ("De verdad -me dice la vendedora-, no de esas que ponen en las cámaras").
Son unas peras acaso jugosas, pero con color de patatas viejas, arrugadas e irregulares, dramáticas, como si hubieran luchado encarnizadamente con la naturaleza para llegar a hacerse. Uno de los vendedores de ropa hecha y cosas de punto se queja de que hoy le han cobrado diez duros por el puesto, en lugar de los cinco de otras veces. Menos mal que no limitan el espacio. De todas maneras -me explica- es mucho menos que en Avilés, a cuyo mercado va en ocasiones y donde le hacen pagar veinte duros el metro cuadrado, y muy medido. Este hombre, que vive en Madrid, y otros de estos feriantes ruedan con sus furgonetas por toda España. Dialoga también con él un tendero de la propia plaza Mayor que vende de todo y acaba de recibir una carga de pilones de sal para las vacas de leche. Me extraño, en broma, de que viniendo a competir con su negocio sea amigo de los vendedores trajinantes.
-Bueno, yo ahora tengo tienda, y la más antigua de Berlanga, pero antes vendí también por todas las provincias, y fui músico de jazz; tocaba el trombón.
En esta misma plaza está el ayuntamiento. Se lee en su fachada: "A la memoria del Cid Campeador, primer señor y alcalde de esta villa, la que generosamente acogió a sus hijas en su viaje a Valencia"; es decir, en la noche pasada aquí tras el maltrato de Corpes y la convalecencia en San Esteban de Gormaz.
Desde la plaza voy al cerro donde se alza el que un día fue hermoso castillo. Aun sigue siéndolo en lo que perdura de su fuerte estructura, aligerada por la fina torre del homenaje. Al pie del cerro quedan lienzos y torreones de la muralla antepuesta. Antes de llegar, paso frente a una puerta por donde asoma un cura ensotanado. Trepa pared arriba una parra que me da pretexto para detenerme y ponderar sus muchas ramificaciones. El cura agradece los elogios; pero los fríos, me dice, raramente hacen madurar las uvas. Al anunciarle que voy hacia el castillo, decide acompañarme. Es un clérigo de la vieja escuela, aunque, entre cautelosas condenas de la modernidad, no se decide a confesarlo. Yo lo animo por ese lado y poco a poco se franquea. Uno nunca rehuye el contacto con los curas a la antigua, mas que nada porque son referencias fijas de nuestra comunidad. Quiero decir que acerca de un cura tradicional no hay que molestarse en pensar mucho ni cabe esperar grandes novedades. Son seres de frutos tan previsibles como un peral o una higuera. Y como el ser humano tiene en lo cotidiano, a lo estable, a lo conocido...
Además un cura a la antigua puede servir de contraste ante lo nuevo y de recuerdo de lo que va perdiéndose. En cambio, ¿qué puede esperarse de una cosa tan aburrida como un cura de la nueva ola? Lo malo es que este cura de Berlanga no pertenece del todo a la especie maciza y a extinguir de los curas viejos. Es un pobre hombre que vive aun, a sus cincuenta y tantos años, en la retórica del seminario y dice a cada momento "ambos", "redil", "sagrada cátedra", "caótico y anárquico", "sindéresis", "promiscuidad y concupiscencia"... y para nombrar al obispo dice siempre "Su Ilustrísima". Aprovechando lo de concupiscencia le pregunto si va mucha gente a misa. Me contesta que no, y añade que como sus predecesores dejaban mucho que desear, no es posible hacer mucha fuerza. Llegados a la cumbre del castillo, comentamos un rato la magnífica vista de Berlanga. Después nos acercamos al profundo y pétreo tajo del rio Escalote, a cuyo pie está el parque de la Arboleda.
-A veces, ni en lo más riguroso del verano se sufre el frio de ahí abajo -advierte el cura.
El acceso natural al castillo es una puerta, al pie del cerro, contigua al palacio renacentista de los Tovar, señores de Berlanga, y marqueses de la villa desde los tiempos de Carlos I, título que pronto se uniría al de duque de Frías, procedente de la misma familia. A un miembro de ella, don Íñigo Fernández de Velasco, condestable de Castilla, encomendó el emperador la custodia del Delfín de Francia y de su hermano el duque de Orleans, rehenes después de lo de Pavía, custodia que, una vez muerto, pasaría a su hermano Pedro, también condestable. Aqui estuvieron un tiempo los rehenes. Tenía este palacio un gran patio, jardines y terrazas, fuentes y estatuas; pero todo desapareció a raíz del incendio por los franceses en 1811, salvo la gran fachada entre dos torres. Sobre el dintel de la entrada, donde se halla el escudo de los Tovar, se lee, tomado de los Proverbios: Sapientia aedificabitur domus, et prudentia roborabitur, ironías que a veces se permite la realidad con los propósitos humanos.
Me despedí del cura. En el gran espacio que media entre la fachada y una línea de humildes casas con soportal, se hace ahora el mercado de cerdos de cría. Están metidos los animales en unos cajones y son de dos meses. Llevan en la oreja una contraseña de plástico azul, indicadora de todas sus vacunas y garantías. ("Con cuatro meses de engorde se pone en cien quilos, que son ochenta en canal".) Los cerdos tienen una piel tan sonrosada y están tan limpios que uno piensa en la conveniencia de cambiar el viejo y ofensivo nombre de estos animales.
Junto a los cajones y sus mercantes hay hombres que vienen a observar y a tomar el sol. Me arrimo a dos de ellos, y a mis preguntas aseguran que los setecientos vecinos de Berlanga han quedado reducidos a poco más de la mitad, lo cual confirma la cifra de mil cuatrocientos habitantes que me dieron en la plaza. Pero hay mucho ganado: vacas (uno solo de los vecinos tiene cuarenta) y sobre todo ovejas (unas tres mil). Y muchos cerdos también.
Existe una cooperativa con treinta mil gallinas, doscientos cerdos y doscientos chotos.Ante mis exclamaciones objeta uno: -Total, nada. Aqui lo que necesitamos es un par de fábricas para que no se vaya la juventud. -¿y, de qué han de ser las fábricas? -Eso... allá los técnicos. Mire usted, si se monta aquí una fábrica los cinco números de la Guardia Civil que tenemos en Berlanga bastan para contener a la obrería. Calcule usted si sería ahorro, con toda la policía que hay en las ciudades para sujetar a los de las fábricas.
Al parecer ha habido intentos fabriles. Unos de Illueca, por ejemplo, querían poner una fábrica de calzado, pero no traían dinero y la Caja les dijo que no. "Traían solo el talento" rie el que lo cuenta. -Y ahí por la parte de Almazán -añade el otro- se presentó un día un catalán para montar una fábrica de tejidos. El proyecto era de ciento veinte millones de pesetas, y el traía veinte, según contaba. El gobierno estaba dispuesto a dar el crédito, pero claro, mandó antes unos economistas. Uno de ellos, ¿te acuerdas, Tomás? era listísimo. Pues bueno, le dijo el economista, muy bien, pero lo primero que ha de salir al ruedo son sus millones, y el Gobierno ha de controlar el asunto. El otro dijo que no, que él quería libertad de acción. Los del Gobierno se cerraron, y no hubo arreglo.
-¿Y el campo, cómo va?
-Bien. Ahora, con los fertilizantes, lo sembrado se multiplica por diez, el doble o más que años atrás, cuando parecía que coger diez granos por uno parecía una barbaridad.
Más tarde me acerco a un extremo de los soportales, donde un esquilador pela una mula. Después de un rato presenciando la operación, me dice uno de los mirones:
-¿De ande es el hombre?
Respondo y entro en diálogo con ellos. Al cabo de poco, el esquilador, Juan, el único que queda por estos contornos, me pregunta:
-A ver, ¿cuanto le parece a usted que cobro por este trabajo?
-Hombre, depende de lo que tarde.
-Pongamos una hora.
-Pues ciento o ciento veinticinco pesetas.
-¿Lo veis? Sepa usted que cobro cuarenta. Y me canso. Soy viejo ya.
-¿Viejo tu? ¿Entonces qué seré yo? -dice un hombre muy gordo.
-¿Cuantos años tiene usted? -pregunta el esquilador a Leoncio, que tal es su nombre.
-Ochenta y cinco. Conque mira tu si eres joven con setenta y cinco.
En el grupo está también Valentín, herrador, que cobra cinco duros por poner una herradura y trabaja con un veterinario. Dice, respetuoso con las jefaturas:
-Ellos, los veterinarios saben la teoría; nosotros, la práctica.
A continuación me explica en qué consiste la aguadura, un mal que les entra a las caballerías en la palma y que él sabe curar muy bien con cataplasmas de salvado, agua y vinagre.Me meto después por una calle donde se ve una bonita casa gótico-renacentista, comprada por un suizo para llevársela a su país, cosa que al fin no le autorizaron. Sigo adelante y pregunto el nombre de esta calle a una mujer.
-Yo soy de Morales -me contesta
-Es la calle Real -aclara un transeúnte- Ahora le llaman del General Mola.
Más adelante veo el taller de un cordelero. También es tapicero, me explica, y tiene a la vista, contra una pared, toda la sillería de un bar para renovarle los desgarrados plásticos. Además compra y vende cencerros, braseros, puertas cuarteronas, candiles "y todas las pijadas que se presentan"
Recorro casi todo el pueblo, en su mayoría de casas de adobe, al natural o enlucido, -con ladrillo alguna vez-, y entramado de madera también. Atravieso la bonita puerta de Aguilera, con sus almenas en lo alto, restos de la antigua muralla, y vuelvo a la plaza Mayor. Me siento en uno de los bancos junto a un viejo que hace en el suelo dibujos ilusorios con su bastón; ilusorios porque la plaza está encementada. Enseguida de sentarme entablamos diálogo; la gente de Berlanga es extremadamente comunicativa. El viejo no está conforme con mis elogios del pueblo:
-No vale nada. Las casas son muy viejas y se hunden: Por eso edifican ahora en las afueras. ¿Ha visto las escuelas? -Las están ampliando para traer todos los chicos de alrededor. Algo animará esto. Diez maestros tendremos aquí.
Sigue con sus dibujos.
-Lo que más vale de Berlanga es la Colegiata. Ya la habrá visto, ¿no?
-Ahora voy a ir. Pasé dos veces por delante.
-¡Pero hombre!, hay que verla en seguida. Por cierto, cuando entre, fíjese usted en la piel de ardacho que está colgada junto a la puerta, a mano derecha.
-¿Ardacho?
-¡El ardacho es un lagarto, hombre!
-¿Y qué hace allí esta piel de lagarto?
-Es la historia más célebre de Berlanga, hombre, y eso que aquí hay mucha historia. Ya veo que usted no es de esta parte. Me pareció por el habla
-No, no lo soy. ¿Qué historia fue esa?
-Pues que hubo un tiempo, ¡qué se yo cuándo!, en que un chaval, un pastor, cogio un ardacho, bueno, un lagarto; y dio en cuidarlo y alimentarlo con leche. Lo soltaba a la atardecida, cuando volvía con el ganado, y a la mañana tocaba un pito, un flautín o qué se yo qué y aparecía el ardacho para recibir su alimento, la leche que le presentaba el pastor en una escudilla de madera de las que usábamos antes los labradores para beber vino los días de fiesta. Total, que pasaron los años y el lagarto se hizo muy grande, una cosa nunca vista en estos animales, hasta que el chaval llegó a mozo y tuvo que ir a servir al Rey. Entonces el lagarto, a falta de su protector y de la leche que le daba, dio en la mala cosa de ir al cementerio y, sin respetar el sagrado, desenterraba los muertos y se los comía. El pueblo estaba asustado y no sabían qué hacer. Conque cumple el mozo su servicio, vuelve al pueblo y al ver el daño que estaba causando, acordó con los vecinos hacerlo caer en un cepo. Así fue, lo mataron y con permiso del señor cura pusieron la piel donde le dije.
La colegiata, del siglo XVI, tiene empaque de catedral. Es obra de la mencionada familia de los Tovar. Antes de hacerla, las diez parroquias de Berlanga las fueron concentrando los marqueses en la de Santa María del Mercado, que convirtieron en colegiata y que luego alzaron, en solo cuatro años, en su planta actual. La proyectó el arquitecto Juan de Rasines, a quien elogiaron grandemente Lampérez y Sabatini. Y con razón. Hay en ella además, buenas tallas, rejas y retablos. Lo malo es el polvo y el abandono, que van dándole, por dentro, un aire tristón y decrépito; porque en el exterior luce mucho la belleza de sus doradas piedras.
Recorro el templo y me detengo a la izquierda en la capilla de los Bravo de Lagunas, dos hermanos gemelos, el uno alcaide de Atienza y el otro obispo de Coria. Presidida por un bonitísimo retablo gótico, tiene en su centro el sepulcro y las estatuas yacentes de los gemelos. Al cabo opuesto, en la capilla de los Cristos, está el sarcófago de Fray Tomás de Berlanga, el hijo más ilustre de este pueblo. Ingresó en la orden de los dominicos en San Esteban de Salamanca y fue uno de los primeros entre los de su orden en llegar a La Española, en 1510. En 1522, siendo prior allá, impuso el hábito dominico a Fray Bartolomé de las Casas, de cuyas ideas en favor de los indios participaba. Antes en 1517, y a este fin, firmó una carta colectiva para Cisneros.
En uno de sus viajes a España en 1533, fue presentado a Carlos I y recibió el nombramiento de obispo de Panamá y Tierra Firme. Después, y por encargo del propio emperador, fue al Perú, con objeto de mediar en las disensiones entre Pizarro y Almagro y para indagar al paso sobre las razas y la geografía de aquel territorio. Mas que por todo eso y por su elocuencia como predicador, sería conocido por su curiosidad de naturalista. El fue quien introdujo en América el plátano africano o guineo, llamado un tiempo "dominico" por la orden a que pertenecía, y se dijo que trajo el tomate a España. Pero aun nos importa mas subrayar su descubrimiento de las islas Galápagos, archipiélago del Pacífico, formado por catorce islas mayores y numerosos islotes e islas menores, sorprendentes por sus extrañas formas volcánicas y por la mansedumbre de los animales que las habitaban, islas que durante un tiempo recibieron el nombre de Encantadas.
Pues bien, en 1831, un hombre que estuvo próximo a ser eclesiástico de su religión, Charles Darwin, embarcaba en el Beagle para hacer un viaje alrededor del mundo que habría de durar cinco años. Al emprenderlo, Darwin creía en la inmutabilidad de las especies, pero al retorno estaba convencido de su evolución, cosa que encresparía hasta hace no mucho a los teólogos más rigurosos, porque ello venía a contradecir la interpretación tradicional de algunos versículos del Génesis relativos a la Creación. Lo curioso en relación con Berlanga es que la clave de la nueva teoría fue hallada por Darwin, próximo a cumplirse el cuarto año de su periplo, cuando al encaminarse a la Polinesia, el Beagle vino a parar a Las Galápagos, las islas descubiertas por el fraile exactamente tres siglos antes, en 1535. El aislamiento y la necesidad de sobrevivir habían determinado la evolución de la fauna insular.
Mientras, dispuesto a salir, contemplo el ardacho, aparece el cura.
-¿Qué le ha parecido la colegiata?
-Magnífica. Diga usted, ¿es este el ardacho que se alimentaba de cadáveres?
-Este es el caimán que trajo de las Indias fray Tomás de Berlanga, para dar solaz a sus compatricios con una alimaña jamás vista cabe el Duero, y menos aún cabe el Escalote. El mismo la disecó.
-¿Y como surgió esa historia del lagarto y el pastor?
-Esa es una historia falsa, hija de la incultura y de la impiedad. De ambas, la incultura y la impiedad, debemos huir como de Lucifer.
-De todas maneras, sería interesante saber como se forjó.
-Con la mentira y con Lucifer no se debe jugar nunca.
-Ya. Lo malo es que no siempre resulta fácil distinguir la verdad de la mentira.
-Si, señor. Para eso está la sindéresis.
-¡Ah, claro! Pues buenos días señor cura.
-Dos pasos después me vuelvo para decirle- Se me olvidaba, ¿por donde queda la Yubería, es decir, lo que fue judería de Berlanga? Tengo entendido que fue importante en la Edad Media.
-Allá por el Mirador de las Montas. -Ahora es el cura quién despues de dar unos pasos se vuelve-: Pero oiga, veo que a usted le interesan las cosas raras y confusas.
-A veces sí -Pues que Dios nuestro señor alumbre sus pasos y le dé paz.
Mientras doy vuelta a la Colegiata por la parte de la torre, pienso en los cuidados del fraile para que su caimán disecado llegara sin daño, primero de Panamá a Sevilla, y luego por tierra, desde Sevilla a Berlanga, allá en 1541, en su último viaje a Europa. Aceptada cuatro años más tarde su renuncia a la diócesis americana, el fraile se instaló en su pueblo, donde murió en 1551. En otro muro de la colegiata, pasada la torre, veo sobre un dintel este letrero, nunca visto por mi en España: "Iglesia de asilo", vieja inmunidad que en estos últimos años parece renacer. Cuando este cartel se puso aquí, las autoridades civiles no podían prender a los reos acogidos a la colegiata. Tiempo hubo en que la inmunidad alcanzaba a todas las iglesias y conventos, y como ciudades y villas estaban llenos de ellos, ofrecían un seguro ideal para los injustamente perseguidos, y también para los criminales manifiestos y para los comerciantes en quiebra. Y no solo esto, sino que se hacía contrabando en los templos, a favor de tal asilo y de la amenaza de entredicho, excomunión y otras penas con que eran castigados los trasgresores de la inmunidad.
A la hora de comer me meto en el figón La Pajarita, y aun doy después una vuelta por las antiguas calles. En una de ellas, la de la Iglesia, me encuentro con Inocente Rodríguez. Está medio tullido de las piernas. ("Por la pleura y la reuma, de cuando hicimos la traída de aguas, va para cuatro años. Sesenta y cinco tengo ahora.")
Arrimado a la pared y con los bastones a un lado, está afilando unos cuchillos en la ventana de una casa próxima a la suya. Mañana harán la matanza. Me habla Inocente de un libro que tenía con toda la historia de Berlanga:
-Todo se explicaba allí. Pero lo presté y no me lo devolvieron. Era un libro que no se pagaba con nada.
Con otras ponderaciones tan reverenciales hacia los libros como las oídas en Robledo de Corpes, recuerda Inocente los pasos e imágenes de la Pasión que, según el libro, habían hecho famosas las procesiones de Berlanga:
-Se guardaban en la ermita de la Soledad, y ya no existen. Los quemaron los franceses. ¿Y sabe usted por qué? Para dar fuego a las calderas donde cocían los ranchos. ¡Qué le parece!
Inocente Rodríguez, a más de albañil, fue en su día enterrador y campanero. Tras la recapitulación nostálgica de sus profesiones, dice cuando me despido:
-Ahora soy un pobre desgraciado.
-Todos lo somos -contesto para animarlo.
Al acabar la calle de la Iglesia me vuelvo hacia atrás y veo, apoyado en la pared, al pobre Inocente, que, correspondiendo a mi saludo, alza con enorme tristeza uno de los bastones.
Después, en un taxi, voy al Burgo de Osma. Lo conduce un joven yeyé, una especie de Adonis rural, el hijo del taxista Periquín. Él y sus amigos van a divertirse a Almazán, El Burgo y Soria, pero sobre todo a Aranda de Duero. Atravesamos amplias zonas de pinares, de algunos de los cuales penden nidales de madera de distintos colores colocados por el Servicio de plagas forestales. Tras mil estériles luchas contra los insectos nocivos, han optado los técnicos por proteger ciertas aves insectívoras, con buen resultado, al parecer.
En febrero de este 2011, pusimos en el blog un artículo encontrado en una revista de 1935 que hablaba sobre El Trabuco, personaje berlangués de principios del pasado siglo, del que circulan todavía un sinfín de anécdotas, que hablan, casi todas ellas, de un hombre poco convencional, amigo del riesgo y de la aventura, y que tuvo por todo ello un desgraciado final.
El artículo en cuestión (al cual pueden enlazar pinchando AQUI) relaciona unas cuantas aventuras y desventuras del personaje, remitiendo al final del mismo a una segunda parte, que no fuimos capaces de encontrar.
Hace unas semanas recibimos por parte de un familiar del susodicho, un escrito de replica, poniendo las cosas en su sitio y explicando las falsedades que divulgaba el dicho artículo de la Revista Crónica, del año 1935, la cual, después de revisados unos cuantos ejemplares, podemos decir que adolecía de una cierta falta de rigor y de una clara tendencia al amarillismo.
Pusimos el artículo en el blog con el ánimo de ir haciendo acopio etnológico o cultural de todo lo relacionado con nuestra comarca, el mismo con el que hemos puesto otros artículos parecidos, sin segundas intenciones, ya que sabemos que hay descendientes de esta persona que merecen todo el respeto por nuestra parte. Y esperabamos como esperamos siempre, y asi ha sido en esta ocasión, que los que saben más que nosotros, pusieran la información que falta para tener la panorámica completa.
Muchas gracias por tanto, a este nieto del Tio Trabuco y aqui tienen completo su escrito de puntualización:
PRIMERO: EL TITULO DE CABECERA QUE EL CRONÍSTA LE DIO A ESTA HISTORIA YA ESTA FUERA DE SITIO AL COMPARAR Y PONER A UN HOMBRE HONRADO AL MISMO NIVEL QUE A LOS AUNTÉNTICOS BANDOLEROS DE LA ÉPOCA.
No fue un bandolero Enrique García Hernando, ni fue un pobre hombre, ni fue un hombre temido en la provincia de Soria, y mucho menos un malhechor, y sobre el mito del coco, ni la familia ni nadie del pueblo jamás me han contado que las madres dijeran a los hijos que viene el Trabuco.
Este cronista cogió la parte más rocambolesca y exagerada de esta historia, como suelen hacer algunos periodistas, historiadores o cronistas que no son rigurosos con sus publicaciones. Y si a ese periodista Mario Alegría, de la revista CRÓNICA Año VII. Número 302. 25 de agosto de 1935 le contó el relato el Sr. Ángel, le vuelvo a repetir como le dije en el anterior escrito, que esta persona contaba las cosas con gran dosis de socarronería. (Astucia o disimulo acompañado de burla encubierta).
En cuanto a que el Sr. Ángel fue protector desinteresado de la familia, como podrán ver más adelante ni fue desinteresado ni fue interesado de esta familia, La Sr. Martina tenía una buena relación con toda la familia ascendente del Sr. Ángel, igual que la tenía con otras familias del pueblo, como tenderos banqueros etc., que no viene al caso relacionar en esta historia.
SEGUNDO: DE ENRIQUE GARCÍA HERNANDO A EL TRABUCO
En este apartado si relata la verdad en cuanto que era un hombre fuerte, robusto, trabajador, honrado, servicial y todo lo demás que enumeran en esos párrafos. No puede estar esta historia más lejos de la realidad con los adjetivos que le atribuye el cronista, da a entender como si hubiese sido una cosa similar a "Curro Jiménez", nada más lejos de la realidad.
No le hacía falta cometer nada de lo que indican, pues era una casa de labradores en una buena posición en aquellos tiempos, poseían tres yuntas para las labores del campo, una de vacas/bueyes y dos de machos, más un burro, vacas lecheras y un rebaño de ovejas de los más grandes que existían por aquellos años, además de una gran bodega por la cantidad de viñas que poseían, o sea que tenían un buen patrimonio y saneado. Patrimonio que tenía las raíces en la Madre de Felipa, (Martina "la Polla").
La tal Martina "la Polla" esposa de Santiago Ramón, tuvieron dos hijos, Felipa y Valentín, era una familia de un bienestar de los más altos del pueblo, miren la situación que tenían, por aquel entonces se podía pagar para que un mozo no fuera a la mili (la mili eran 3 años) y el propio ayuntamiento tenía una lista de voluntarios para enviarlos a cambio del que pagaba, y la Martina pago 3.000 reales para que Valentín su hijo quedara libre del servicio militar, tenían lo narrado en el párrafo anterior y para hacer todas las tareas del campo y ganadería tenían varios criados (hoy obreros), Santiago el marido no podía realizar los trabajos del campo porque tenía las piernas llenas de ulceras (entonces llagas) y andaba con muletas y Valentín el hijo que no era su fuerte el trabajo del campo, solo hacía que dar las ordenes y supervisar lo que le decía su padre, Santiago, daban mucho trabajo a los del pueblo y tenía una bondad exagerada.
Martina, cuando veía algún niño con las alpargatas o la ropa rotas, lo cogía se lo llevaba a la tienda de M. P. y lo vestía, y le decía, ve y dile a tu madre que la Sra. Martina te lo ha regalado. Como bien dicen la Martina estaba encantada con el hombre (Enrique) que
le había correspondido a su hija y le hacía feliz, porque era un hombre responsable y trabajador y convertido en cabeza de familia como bien dicen en su crónica, se hizo cargo de toda la faena que había en aquella casa acrecentando el patrimonio gracias a su trabajo. Pasados unos años, Valentín vio la ocasión con su cuñado Enrique de desentenderse de las tareas del campo, sabiendo que su cuñado era capaz de llevar todo además de trabajar, aprovecho la ocasión y se fue a Barcelona. (±1916). (Como digo anteriormente no le gustaba el campo).
Las críticas falsas e intencionadas hacia el Trabuco, provenían de los del pueblo y pueblos colindantes a Berlanga que sabiendo en la situación de abandono del cabeza de familia que tenían en esa casa, querían aprovecharse de la situación, como: metiéndose en las tierras, en el tiempo de la siega segándoles por la parte del lindero los cereales que pegaban a ellos, sustrayéndoles corderos, etc. etc. pero Enrique aunque estaba mal de la cabeza vigilaba sus propiedades y cuando veía alguna cosa de estas les salía al encuentro y más de uno se las vio en apuros con él, (como era un hombre corpulento y fuerte tenían siempre las de perder) estos cuando contaban estos hechos lo contaban a su manera, no decían que motivos se produjeron para que Enrique se enfrentara a ellos. Y de ahí nacen muchas de las historias cambiadas ya que Enrique no estaba presente para contradecir lo que ellos contaban, y esos dichos se propagaban y quedan como que habían ocurrido.
Y como bien dicen en un párrafo, los convecinos de Enrique no tenían palabras más que para elogiarle, era una gran persona, muy tolerante, trabajador incesante, incansable y benevolente, persona que ayudó en aquella época a mucha gente.
También tengo que decir que las envidias aprovechan estas situaciones y toman venganzas cobardes, como por ejemplo; le prendieron fuego a uno de los corrales que tenía en el campo con las ovejas dentro, muchos del pueblo sabían quien fue, pero ahí se quedo porque nadie fue a la familia a decirle yo he visto al que le ha prendido fuego al corral.
TERCERO: DE TRABAJADOR INCANSABLE A BANDIDO.
Cuenta el cronista que un día se le vio entrar en la taberna, cosa insospechada en él, y que lo convencieron a fin de proponerle un negocio de la patata temprana, y que frecuentaba la taberna con sus compinches y se alejaba cada vez más de la faena, etc. etc., y que le salió mal el negocio. Todo ese párrafo es una invención y una mentira. Lo primero que Enrique no bebía más que en las comidas y poco, a pesar de que tenían en casa una gran bodega. La causa que le llevo a la situación de esta historia fue que se murió la mujer (Felipa) a la edad de 42 años, fue un hombre que estaba completamente enamorado de su mujer, y él empezó yéndose a dormir todos los días al cementerio después de venir de trabajar, se acostaban todos y él cogía una manta y se iba al cementerio a dormir con su mujer, por la mañana volvía a casa y emprendía las tareas del campo, en esta situación estuvo cosa de un año, empezó a estropearse de la cabeza, hoy dirían que cogió una depresión, en aquella época lo trataron como locura.
O sea que sí se conocen las causan que le impulsaron al cambio de vida que tomo con relación a la que llevaba. Cuando se produjo esta situación el año 1928/29 dejo la casa como bien dicen con 6 hijos, 3 hijas y 3 hijos y el primogénito no es el Quirico como dice la crónica
Cronológicamente los 6 hermanos son; la 1ª hija Marcela (con 25 años la única casada), el 2º hijo Quirico (con una edad 22 años), la 3ª hija Julia (con 18 años), El 4ª hijo Hipólito (con 13 años), el 5º hijo Eloy (con 12 años) y la 6ª hija Araceli (con 7 años). Por lo que el dato que dan de dos hijas casadas no es cierto, y que estaban en Barcelona tampoco, el primero que se fue a Barcelona fue el 4º hijo, este sí que estaba en Barcelona cuando escribieron la crónica, se fue a casa de su tío Valentín, hermano de su madre Felipa que se fue a Barcelona allá por el año ±1916.
Tengo conocimiento de que si cometió alguna fechoría pasado un tiempo, esto paso cuando se fue alejando del pueblo hasta ir a parar a la parte de Burgos, porque al principio lo que necesitaba lo cogía de casa y de la huerta que tenían.
A partir de ahí y con las dos detenciones que había sufrido se fue para la parte de Burgos donde fue nuevamente detenido e ingresado en una casa de socorro que es donde murió, hecho que nunca comunicaron a la familia.
CUARTO: POR NO MATAR A LA ABUELA
En cuanto a lo que narran en este apartado y que dicen que son:
A/ Que cuantas veces ha sido detenido ha hecho la misma declaración, no tengo conocimiento de ello, pero sí es verdad sería fruto de la situación que se encontraba Enrique.
B/ Que entretanto la abuela Martina acogió a los nietos y enterró a la hija, víctima de los sufrimientos:
1/que acogió a los nietos cuando se produjo la muerte de su hija Felipa, eso sí es verdad.
2/que en esos años que Enrique era detenido enterró a la hija Felipa no es verdad, como ya explico en el tercer punto se produjo el abandono por la muerte de la mujer, con lo cual cuando él era detenido ella no existía, por lo que este párrafo es otra invención.
C/ Y sobre los dichos, la mayoría son invenciones, no fue hombre de tener armas en casa.
QUINTO: MATAME YA DE UNA VEZ
No tengo conocimiento de si se produjo este hecho con Quirico, pero me comenta mi informador que es persona que vivió esta historia en sus propias carnes, que la relación de Enrique con Quirico no eran las adecuadas entre padre e hijo, a pesar de que su padre lo tenía en gran estima porque Quirico padecía un defecto en un pie desde su nacimiento (era cojo) y nunca trabajó en el campo, y cuando tuvo la edad que en aquel tiempo exigieran se metió de alguacil en el ayuntamiento, tampoco recuerda si en esa época ya estaba en dicho cometido. Yo lo conocí de alguacil y pregonero del pueblo.
Miren en que estima tenían a Enrique en el pueblo, que cuando lo detuvieron lo llevaban por la noche a su casa a dormir y por la mañana lo volvían a la cárcel.
MOTE: "TRABUCO"
Saben que los motes a las personas viene por cualquier tipo de cosa o defecto que pase a una persona y sobre todo en los pueblos. El mote de Trabuco vino porque cuando era jovencito fue en los años que se hizo la vía férrea de Ariza a Valladolid que pasa por Berlanga y en el tiempo que en casa de sus padres no tenían quehaceres del campo, se fue a trabajar de pinche a esta obra de la vía.
Para echar la piedra en la vía utilizaban unos cestos planos que también los utilizaban los camineros en las carreteras, estos cestos planos tenían un nombre raro (que no han sabido decirme) también utilizaban botijos, que los llamaban "búcaros" y él como pinche estaba para acercarles tanto el botijo como los cestos, y uno de estos dos elementos no sabía pronunciarlo el nombre y lo llamaba "Trabuco", con lo cual, los obreros muchos también del pueblo cuando se lo pedían le decían “tráeme el "Trabuco" y de ahí quedo el mote para la historia.
Informadores
Para su conocimiento le diré que soy uno de los nietos de Enrique de los 9 que actualmente estamos vivos y que tengo 65 años. Yo no lo conocí pero siempre me interesó esta historia que me contaron mi familia y gente mayor del pueblo y siempre les decía que me contaran lo bueno y lo malo que hubiese podido pasar. Toda mi información ha sido consultada y contrastada con otro nieto que en estos momentos tiene 83 años que vivió aquella época y en casa del abuelo Enrique.
Por lo que les rogaría que hagan desaparecer de la Web todo aquello que principalmente son calumnias y no lo tengan bien documentado.
Artículo aparecido en LA VANGUARDIA del día 14 de julio de 1922
Un gran revuelo levantó estos días la noticia de que por un extranjero, y para ser llevadas a Norte-América, procedíase a arrancar, trasladándolas a telas, las famosas pinturas de la ermita de San Baudel de Berlanga, emplazada entre Caltojar y Casillas, en la provincia de Soria. Con anterioridad, unos vecinos de Casillas pusieron en autos, al gobernador civil, de haberse presentado un individuo, de nombre León Leví, ofreciendo cincuenta mil pesetas por aquellas pinturas. Dicha autoridad les advirtió del derecho de tanteo y retracto que en todo caso, tiene el Estado, y de la responsabilidad que contraían aquéllos que facilitasen la venta; más, por ser la expresada ermita monumento nacional. El anticuario tentó la codicia con la oferta de sesenta y cinco mil pesetas en lugar de la suma anterior, y quienes manifiestan ser condueños de la fábrica, no acertaron a resistir a la tentación.
A poco comparecieron tres obreros italianos que pusieron manos a la obra de arranque de las pinturas. Denunciado el hecho al gobernador civil, don Luis Posadas, faltóle tiempo para ordenar que la guardia civil impidiere a toda costa los trabajos de expoliación y, a más, con el delegado regio de Bellas Artes y dos individuos de la Comisión provincial de Monumentos marchóse a Casillas, comprobando ser cierto lo denunciado.
Se dispuso la incoación de expediente, con objeto de poner en claro a quienes hay que exigir responsabilidad. La guardia civil fue encargada de evitar que se reanudasen las operaciones. En Cataluña iban también, a ser trasplantadas las decoraciones pictóricas de las iglesias románicas; pero la Junta de Museos de Barcelona, al saber que unas de esas pinturas, las de la iglesia de Mur, habían sido arrancadas—ahora están en el Museo de Bostón—, removió Roma con Santiago para impedir, como lo ha alcanzado, que las demás saliesen para el extranjero, y ha conseguido que las de diez iglesias pirenaicas pasen a constituir valioso caudal del Museo de Barcelona, para lo que se puso, además, de acuerdo con los extranjeros que habían venido a trabajar por cuenta ajena.
Volviendo a las pinturas de San Baudel de Berlanga, transcribimos, a seguida, lo que sobre ellas ha escrito el señor Gómez Moreno en su interesantísima obra Iglesias mozárabes:
«Esta ermita de San Baudel—dice ese ilustre arqueólogo—, aparte su arquitectura, adquiere gran notoriedad por la decoración pictórica que la reviste completamente por dentro. Su procedimiento es a temple y con pocos colores; las pinturas de las bóvedas perdiéronse a fuerza de recalos: la capilla mayor y el rincón oriental, en gran parte, fueron encalados, no manteniéndose visible y bien conservado sino una mitad del total.
Sus representaciones son del Evangelio, empezando en la bóveda y fueron dispuestas en tres zonas, más una adoración de los Magos y ángeles con escudos, alanceando al dragón, pintados en la capilleja de la tribuna. Su estilo es seudobizantino, absolutamente rutinario, con arquitecturas de arcos regulares, redondos y escarzanos sobre columnas bizantinas e interesando sobre todo ciertas figuras tomadas del natural, especialmente el grupo de guerreros, guardianes del sepulcro, cuyo traje es: loriga con almófar, cazas rojas, zapatos de orejas, yelmo picudo con guardanás y escudo en forma de almendra.
Otra zona inferior desarrolla asuntos de la vida ordinaria .expuestos con naturalismo sincero, especialmente cacerías, personajes militares, animales, telas de Oriente y adornos, sin cosa que revele influjos moriscos, pero sí hay un gran camello y un hombre con traje talar, yelmo, lanza y adarga redonda con sus borlas.
En la capilla se traslucen letreros en mayúsculas romanas, pero ilegibles. Será inverosímil fecharlas entre la segunda mitad del siglo XII y principios del XIII, valiendo para ello las otras pinturas de San Isidro (sic) de León, aunque mucho más francesas que datan hacia 1180 »
De lo sucedido en la provincia de Soria despréndese no sólo cuan sencillo es, en nuestro país, apoderarse de las obra de arte ambicionadas,—pues sigúese creyendo que con oro no hay negocio que falle,—sino también la desidia del Estado español, que no tiene montado debidamente el servicio de vigilancia de los monumentos nacionales, a los cuales debieran realizarse, por personas competentes y enteradas, visitas de inspección frecuentes.
Otra contrariedad es que, mientras negocien en antigüedades, a más de los chamarileros de menor cuantía, gente que, por su posición social no había de contribuir a que saliera la riqueza artística de España, es inútil pedir a los gobernantes medidas coercitivas. Ya habrá quienes conviertan en cañas las lanzas ministeriales. Y sí trátase de las Cortes, se atascará, como tantas veces, cualquier proyecto que tienda a retener el tesoro artístico de la nación.
Porque el caso de San Baudel de Berlanga es sólo uno más de tantos como se dan en nuestro país, que no percátase de la inmensa trascendencia que reviste ese éxodo del patrimonio artístico. Todas las naciones no sólo defienden el suyo con ahinco, sino que ven de acrecerlo con el de los demás, si la ocasión se tercia. Nosotros, en cambio, sólo un núcleo pequeño tiene montada la guardia para dar la voz de alarma sobre el despojo intorelable. La inmensa mayoría no acierta a explicarse, que sea mejor negocio para el reino conservar unos cuadros viejos, unas telas deshilachadas o unas piezas de alfarería, que un puñado de pesetas.
(foto de la Internet: Ermita de la Calzada, en Brías: Declarada Bien de Interés cultural en 1996, y expoliada repetidamente, antes y después de esa fecha. En agosto de 2011 se llevaron durante la verbena de las fiestas varios fustes y capiteles de su portada)
Seguid hambrientos. Seguid alocados. Lo dijo Jobs seis años antes de ser devorado por la enfermedad. Hambrienta, alocada enfermedad que se lleva a un hombre que hizo algo más importante que inventar cacharros electrónicos revolucionarios: dio un ejemplo admirable de coraje, espíritu emprendedor y pasión por su trabajo.
Aquel fue un buen consejo para los graduados de Stanford y lo es para todos los que podemos leerlo ahora, recordarlo, desmenuzarlo a la luz triste del final. Fue en 2005 y seguro que quienes estuvieron presentes tendrán ese momento enmarcado en sus memorias para siempre. Hambrientos, alocados: al diablo el conformismo, a la papelera lo convencional, que se pudran los temores a innovar, a dar un paso hacia delante cuando los demás se atrincheran, a invertir todo el talento y todas las ganas y todas las ilusiones en una aventura vital en la que el dinero tiene como principal función crear riqueza y hacer posibles los sueños de quienes imaginan lo que seremos. En estos tiempos de ruina moral y decrepitud intelectual, en estos tiempos en los que el especulador se lleva la Bolsa mofándose de nuestras vidas y la ambición industrial ha dejado paso al delirio del monopoly ruin y mediocre del parqué, el ejemplo de Steve Jobs trasciende del valor meramente profesional. Un icono, un referente, un genio, un revolucionario, un mago, sí, vale, lo que tú quieras y mucho más, pero cuando el iMac, el iPhone y el iPad sean reliquias del pasado, lo que perdurará de Steve Jobs será su valor como modelo a seguir, su filosofía austera y tenaz y juguetona encaminada a la creación, a la suma de talentos, a la resta de prejuicios, a la multiplicación de voluntades.
Esta misma semana, Apple presentaba una decepcionante evolución de su iPhone 4. Es muy probable que Jobs no hubiera apoyado algo tan timorato, conservador, melifluo. Él ya estaría pensando a lo grande, estaría cavilando en cómo sorprendernos a todos con algo tan sencillo, eficaz y útil que nadie lo había pensado antes. Y pondría a sus equipos a trabajar para dar lo mejor de sí mismos no con una finalidad especuladora, no con una mentalidad de sacacuartos, no con una motivación de codicia y relumbrón. Eso es lo que perdemos con Jobs, y es una pérdida muy superior a la desaparición de un genio de las tecnologías. Perdemos a alguien que te decía: lucha, crea y ama lo que hagas. Y te enseñaba a hacerlo. Descanse en Mac.
Don Fredes, Fredesvinto de Grado, que fue cura de Berlanga en los años cuarenta del pasado siglo, era hombre de personalidad arrolladora y fuertes convicciones, optimista, vigoroso, cantarín, que iba contagiando al prójimo su alegría.
Ya en aquella época de muy escasas disidencias en materia religiosa y política, con las heridas de la guerra todavia muy recientes, se le oyó muchas veces hablar en voz alta en contra de la segregación de niños y niñas en las escuelas, argumentando que si habían de vivir juntos, bueno sería que también aprendieran juntos a vivir y a relacionarse, y que eso no era incompatible con la doctrina de la santa madre Iglesia por mucho que lo dijeran los que hacían y deshacían en el Régimen, que andaban a la sazón conchabados con los que mandaban en el clero, hasta el punto de que algunas veces se confundían unos con otros.
Don Fredes, que si no recuerdo mal, era de un pueblecillo de la Tierra de Ayllón, escribió un libro de poemas titulado "Lira poética" donde dejaba en sus poesías de factura sencilla todo su sentimiento religioso y su amor por su tierra adoptiva de Berlanga. Hay algunas dedicadas a la colegiata de Berlanga, a Bayubas de Abajo, al rio Duero...
Encontrar ahora este libro es tarea ardua, pero hemos tenido acceso a un ejemplar que guarda un vecino de Ciruela, como oro en paño. No estaría nada mal una reedición, con el ejemplar que se custodia en la Biblioteca Nacional.
Esta es una poesía del libro dedicada al último Cura a caballo que hubo en Caltojar. Se titula "El Cid de Tierra Berlanga" y tiene una dedicatoria: "a mi querido amigo el Cid de Berlanga, caballero como ninguno de a caballo. 3-11-1944"