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![]() La vida es el arte del encuentro (Vinicius de Moraes) |
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De la parte BerlangaArchivos
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Despoblados. Leído hace unos días en nolotiro.com: Dejo gratis una casa a quien quiera habitarla todo el tiempo, no solo para fines de semana. Está en Cabreriza-Berlanga de Duero (Soria). La casa tiene un pequeño terreno con dos cobertizos, no tiene luz eléctrica, ni agua corriente, aunque se pueden poner, hay que arreglarla. El pueblo no está habitado todo el año. Es ideal para alguien que quiera estar solito sin que nadie le moleste. Escribir a felixapm@hotmail.com. La foto es del blog de Caltojar, donde hay una entrada reciente de una excursión a Cabreriza. Ha llegado hasta los oidos curiosos de un lector de este blog, que últimamente se están realizando partidas de paintball en Cabreriza. Este juego, al que algunos llaman deporte, nos ha llegado de los Estados Unidos de Norteamerica, donde lo practican diez millones de personas, y consiste en combatir entre dos equipos, disparándose bolas de pintura, vestidos como si acabara de llegar la tercera guerra mundial, con trajes militares y máscaras que confieren a los jugadores un aspecto diabólico. La empresa que aparece como gestora del evento es Ocioaventura Almazán. Se supone que, bien esta empresa o el mismo grupo de jugadores tendrían los permisos de rigor para realizar estas actividades en las que, aparte de ponerse perdidos de pintura, se puede deteriorar el entorno. Hace poco, algunos exvecinos del pueblo se quejaban de la depredación que viene padeciendo, haciendonos notar la diferencia entre deshabitado y abandonado, que no es lo mismo aunque en este caso pueda parecerlo. Las casas de Cabreriza todavía tienen dueño, y algunos de ellos aún pagan la contribución en el ayuntamiento de Berlanga. El allanamiento, por tanto sigue siendo un delito. Se pueden ver más fotos en esta web. Vadorrey es un despoblado en el término de Morales, junto al Duero, que aparece citado en El Cantar, cuando El Cid con sus hijas, viene de San Esteban, camino de Valencia y vadea el rio para llegar a Berlanga donde pasará la noche. Legendariamente se cuenta que el pueblo desapareció porque todos sus habitantes murieron envenenados por el agua de una fuente. En 1277 Alfonso VII hace donación al obispo de Osma de la Villa de Vadorrey con su castro. De la Villa, que estaba a un kilómetro del castro, no queda rastro visible. Su Dehesa pertenece a Morales y las campanas de la iglesia las tiene Aguilera. Del Castro, quedan algunos restos en la cima del Alto de la Mina, y los arranques de los muros de la torre musulmana de sillar y tizones, con planta irregular de 7 metros por 5,35 (5,10 en el lado opuesto) y unos muros de 1,20 m de grosor. En el Corpus de castillos medievales y en el Silense se cita el enclave: Madoz se equivoca al decir que está a la derecha del Duero. Muy cerca de Vadorrey había una serie de construcciones defensivas, hoy casi todas desaparecidas. Al otro lado del Duero, a 2836 metros está la atalaya de Bayubas. En el mismo término de Morales, en el Cerro de La Muela había otra torre, otra más entre Vadorrey y Aguilera y por último, en El Silense se habla tambien de castillo musulmán en Aguilera. Todas estas forificaciones no pudieron evitar el paso de Fernando I, en 1060, que después de ocupar Gormaz, ataca Berlanga, después de atravesar el Duero por este vado, y se dirige hacia Atienza y Sigüenza Estos días he desempolvado una vieja bicicleta que había por la casa familiar y, dispuesto a encontrarme cara a cara con la desolación, he sido capaz de pedalear hasta Cabreriza por el moderno camino de grava que sustituyó al de herradura, para uso de la maquinaria agrícola. Nadie fue capaz de construir una mísera carretera. Cabreriza está deshabitado desde 1973. En esa fecha los pocos vecinos, hartos de tanto abandono y aislamiento y con muchos años a las espaldas, decidieron poner tierra de por medio y marcharse a Berlanga o a otros sitios con un poco mas de vida y de servicios. Alli dejaron sus casas, sus huertos y sus muertos, la iglesia, la casa concejo, los corrales, los aperos, las imagenes de su vida, de su infancia, las fiestas, las rondas, las luminarias... Me pongo en el lugar de aquellas gentes. La angustia que debe sentir uno al abandonar su pueblo, y la que se debe sentir en el largo proceso que lleva a tomar esa decisión radical; algo inexplicable que solo puede comprender quien ha tenido la desgracia de vivirlo. Julio Llamazares ha escrito sobre este tema y ha trabajado en una película titulada El Filandón (1984). Este escritor leonés enamorado de nuestras tierras de Soria, nació en Vegamian, un pueblo de la montaña que fue cubierto por las aguas del pantano del Porma. Tambien hay un librito titulado Noche de enigmas (Edelvives. 1990) del escritor segoviano Ignacio Sanz, inspirado, si no ambientado, en Cabreriza, un pueblo abandonado cerca de Berlanga al que en la novela se llama Cenagra Cabreriza era un pueblo no de los más pequeños, a principios del siglo XX tenía 250 habitantes. Tenía buenas casas con abundante mampuesto y poco adobe, más usual en otros pueblos de la comarca. Estaba dividido en dos barrios, uno en la falda del cerro y otro en la cúspide, donde tambien estaba la iglesia de la Asunción cuya última construcción data del siglo XVIII. Parece que en su origen, en la repoblación de estas tierras fronterizas por el año mil, hubo una cabaña donde se recogían los pastores con su ganado, que eso es precisamente una cabreriza. Puede que hubiera algun resto de construcción que dejaran los musulmanes en su huida hacia el sur. La Iglesia, que es como decir El Poder, se ocupó de poblar el lugar con colonos de más al norte, a quienes se repartieron tierras, aqui y en el vecino pueblo de Alconeza, que tambien quedaría abandondo siglos después. El entorno era rico en agua, con un rio Talegones, al que suponemos mucho más generoso que en la actualidad, y varias fuentes. En los huertos se cultibaban legumbres y hortalizas, todas de producción ecológica. El ganado pastaba en la dehesa y en el monte de carrasca se cortaba la leña para las frías noches de invierno. Al principio, despues del abandono, todas las casas estaban enteras, y algunos dueños pasaban por ellas periodicamente para mantenerlas en buen estado, como si tuvieran la esperanza de que esa pesadilla de la que habían sido protagonistas, fuera a acabar y volviera la vida y el bullicio a las calles. Y las casas se mantuvieron una buena decada sin ningun deterioro considerable, hasta que un día los amigos de lo ajeno abrieron una y no pasó nada, y una temporada después otra y otra, hasta el estado en que te encontrarás todo si tienes estómago para aguantarlo. Yo recuerdo la escuela profanada, y el ayuntamiento, con los papeles de caligrafía antigua esparcidos por el suelo y por las calles, y me parece que ningún asentamiento humano tiene derecho a pasar por este amargo trance. He subido hasta el cementerio y mientras me acercaba a la tapia me venía a la mente aquella frase rotunda del Heliópolis, de Ernst Jünger: "en aquel lugar vivieron, amaron, esperaron y entregaron sus huesos a la muerte gentes innumerables." Hay en el término de Fuentetovar un antiguo despoblado de nombre Torremocha, perfectamente localizado y documentado. Proponemos desde esta bitácora una pequeña excursión veraniega que inevitablemente tiene que terminar bajo la sombra de algún copudo árbol de La Matilla de Rebollo, después de haber mojado el gaznate con las limpias aguas que salen de su fuente. Partiendo de Berlanga hacia Almazán, dejamos atrás a la derecha el pueblo de Fuentetovar. Justo al llegar al punto kilométrico 28,400 y unos trescientos metros a la izquierda se encuentran los restos de Torremocha. El lugar ha mantenido el nombre de Loma de Torremocha, y es muy posible que en lo alto de la misma, sobre la cota 931, encontremos todavía algún resto de la torre árabe de señales que estaría en comunicación con el castillo de Andaluz, o vigilaría algún vado sobre el Duero, que discurre unos quinientos metros al norte y que por cierto desde el aire tiene este aspecto caprichoso que se aprecia en la foto. Agradecería que alguien me dejara sus impresiones en los comentarios de este blog o alguna fotografía en el correo electronico koborron@gmail.com De todo aquello, tras el abandono y el traslado definitivo a Berlanga de sus tres últimos moradores, aparte del tufillo a cochino que sentirás en el ambiente, nos quedó la costumbre de la romería, la fuente y un pinarcillo cada vez mas descuidado donde se iba hasta hace poco a merendar y a respirar. Las viñas desaparecieron del todo porque daban más trabajo que alegrías y las manos que tendrían que haberlas cuidado nos las robaron las regiones ricas que estaban en plena expansión industrial. Esto poco que ves ahora, viajero, te puede confundir o dejar perplejo. Los hombres abandonamos las cosas queridas. Así nos va. |