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La vida es el arte del encuentro. (Vinicius de Moraes) |
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De la parte Berlanga
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema COLABORACIONES. ’La arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz’ (Le Corbusier) Amanece en el Señorío de Berlanga, mientras los rayos del sol, alto ya éste por la línea del horizonte, comienzan a acariciar las gotas de rocío que aún se adhieren a los cristales de las ventanas, liberando, en esa sublime combustión alquímica, pequeños orbes de luz, similares a esos mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, que don Antonio Machado comparara, en su intrínseca sencillez, con pompas de jabón. Desde la privilegiada altura de su impresionante castillo, el tañido de las campanas rivaliza con el sonido del viento -ese misterioso, poderoso e indómito cierzo- en tanto que a los pies del acantilado, las aguas del río Escalote no dan tregua al reposo, arrastrando quizás con ellas, ese barquito de papel que las manos inocentes de un niño posiblemente botó en los puertos de Casillas o de Caltójar, o quizás -¿por qué no?- desde esa fuente de aguas puras que, según dicen las buenas lenguas, sale directamente del corazón de la insuperable ermita mozárabe de San Baudelio. ’La vida es un viaje, es sólo un único viaje; a lo largo de ella hay sólo un camino, un bosque oscuro, una colina, un río que cruzar, una ciudad a donde llegar; un amanecer, un anochecer; sólo que uno encuentra, muchas veces, cada uno de esos hitos: lo aprehende y lo comprende, lo describe y lo olvida, lo pierde y lo vuelve a encontrar’ John Crowley. ’Aegypto’ Como el protagonista de ésta esotérica novela de John Crowley, confieso que a veces yo también tengo la sensación de vivir, en una aparente realidad, dos historias diferentes. Me ocurre a veces, cuando visito un lugar, y regreso al poco tiempo. Percibo la nueva realidad, y al tratar de compararla con los recuerdos anteriores, siento que me falta algo. Que hay un añadido o una infinidad de detalles nuevos, que hace que vea las cosas de forma diferente. El sábado pasado, mientras recorría parte de la Comarca y Tierra de Berlanga, apenas me abandonaba un instante la curiosa sensación que tenía de que estaba viendo esos lugares, que he visitado tantas veces, por primera vez. Berlanga de Duero, señorial y tranquila; protegida, desde los tiempos en que fuera frontera y vanguardia de la Reconquista, por unas sólidas murallas y un castillo enclavado -cuál nido de águilas- en lo más alto de un promontorio cuya parte trasera, recortada a pico diríase que por el hacha de un gigante, vigila, también, el paso sempiterno y susurrante de las aguas del río Escalote. Solitarias y tristes, las ruinas del monasterio franciscano de Paredes Albas, situadas en un pequeño promontorio al pie de la sencilla y estrecha carretera local que atraviesa el pueblecito de Ciruela; deja atrás Casillas de Berlanga, y antes de llegar a Caltojar, enlaza con una pequeña arteria que desemboca, ascendiendo entre colinas, en la ermita mozárabe de San Baudelio de Berlanga. ¡San Baudelio! Como buen gourmet, es difícil no saborear intensamente los ingredientes que conforman este genuino y auténtico plato fuerte. Trato, por un instante, de imaginarme esos cerros pelados; esas colinas, con sus solitarias quebradas que se extienden hasta el infinito, y por un instante -posiblemente igual de breve que el tiempo de vida de una cerilla- el paisaje se transforma en un bosque tupido; inconmensurable; sobrenatural. Hay una estrella -posiblemente la estrella Polar- que señala el lugar donde hombres santos y eremitas buscan la Luz de Dios en lo más recóndito de su corazón. Después, imagino ver, en la parte más baja del cerro, aproximadamente donde ahora se encuentra la carretera, una senda forestal, por la que huye despavorida la caballería sarracena, derrotada por el empuje incontenible de los reinos cristianos en expansión: entrechocar de espada y cimitarra; relinchos de caballos; gemidos de agonía; enfrentamiento fratricida de culturas... Un ruido de pisadas en la gravilla del camino, convierte mi ensoñación en frágiles pompas de jabón, que no tardan en estallar y desaparecer al entrar en contacto con la realidad. Se trata del guarda de San Baudelio, que se acerca cansino, a desgana, con su rostro adusto y aburrido, posiblemente hastiado de abrir la puerta de la ermita a gente que -en su opinión- no valora en realidad semejante maravilla. Tal vez sienta celos de compartir con alguien una obra de arte que en su momento, algunos vecinos no supieron conservar, y hoy languidecen de nostalgia -cuál emigrante- al otro lado del Atlántico. No son pocas las veces que me he acercado a San Baudelio y siempre me ha llamado la atención este señor, un caso atípico de introversión en la provincia; tan poco complaciente a la hora de permitir la subida de los escalones que llevan al coro, como acceder a consentir la utilización del ’flash’ en la cámara, que poco o ningún daño puede hacer ya a unas pinturas que no existen; tan buen buscador, sin embargo, de excusas formales, en las que siempre tiene la culpa el ’director’, y que me recuerda el fósil antediluviano que continúan siendo los organismos oficiales de este país, y que apenas han cambiado desde los tiempos de Mariano José de Larra y su famosa crítica del ’vuelva Vd. mañana’. Su parquedad de palabras, así como la ausencia de cualquier gesto de benevolencia que, en lugar de hacer la visita un acontecimiento digno del lugar sublime en el que te encuentras, consigue que en el fondo -y por respeto al espíritu sagrado del lugar- humilles la cabeza hacia el suelo como los bueyes, acortando el tiempo que pensabas permanecer en el interior, impregnándote con la esencia del lugar, sabedor que, un minuto más en su compañía, puede significar una retirada de puntos en el carnet particular de tu educación. De retorno a la arteria principal, con un agridulce sabor de boca, el camino continúa hasta Caltojar, distante apenas un par de kilómetros del oasis de San Baudelio. Parten de este punto, otras dos pequeñas arterias: la de la izquierda, lleva a Bordecorex y a la atalaya islámica de La Veruela; la de la derecha, se adentra en el corazón de Caltojar, donde se yergue, sólida y espléndida como una montaña, la iglesia románica de San Miguel Arcángel. Este paladín celestial, guerrero y juez, ángel psicopompo equivalente al Anubis egipcio, preside el pórtico de entrada de este interesante templo románico, quizás uno de los más importantes de la región, habida cuenta de que los que existían en Berlanga, constituyen hoy día el armazón fundamental de la Colegiata de Nª Sª del Mercado. La arquitectura de Caltojar -común a la de muchos pueblos de la provincia- combina las tosquedad añeja de las casonas de adobe y piedra con sabor a tradición, con esa otra fría idiosincrasia que tienen las edificaciones rurales modernas, que tienden a elevarse en varias plantas, estrechas y cubiculadas como juncos, aprovechando hasta el último centímetro de terreno. Por eso, no resulta extraño ver conjuntado un estilo con otro, como si de las piezas de un irregular puzzle inmobiliario se tratara. Dejo atrás Caltojar, cuando las primeras gotas de lluvia comienzan a caer, sin cruzarme con nadie en mi camino de regreso a Berlanga, y aún me queda ruta por hacer. Atrás quedan, también, el castillo y las murallas, así como el desvío hacia el mundo pétreo, espectacular y fantástico de Tiermes. Unos metros más allá, y antes de llegar al rollo gótico o picota donde antiguamente se llevaban a cabo los castigos populares, me desvío por un camino rural, sin asfaltar, que, atravesando extensas llanuras donde en ésta época del año predomina el color verde esmeralda de la hierba en pleno desarrollo, conduce hasta el pequeño pero interesante pueblo de Aguilera. El trayecto es relativamente corto, aproximadamente dos kilómetros, durante los que nunca tienes la sensación de encontrarte aislado -sensación común a otros lugares de la región- pues incluso en la distancia siempre tienes como referencia el espectacular promontorio bajo el que se asienta, así como el obelisco -enhiesto como un mástil- de la iglesia románica de San Martín, un curioso exponente de la arquitectura religiosa y rural del siglo XII. Se comenta que Aguilera fue tierra de templarios, aunque sea difícil encontrar evidencias claras que así lo demuestren, si exceptuamos, como reseña, la curiosa estructura cubicular de la iglesia, que pudiera tener alguna relación. Visto desde el elevado lugar sobre el que se asienta la iglesia -cuando no a través de los arcos de ésta, lo que garantiza, además, la visión de un paisaje espectacular- el pueblo conforma una piña de casas agrupadas que, de alguna manera, recuerda la distribución de los antiguos castros celtíberos. Por supuesto, pasado y presente se hacen el relevo, siempre y cuando no lejos de algunas casas en ruinas, se levantan los cimientos de nuevas construcciones que, a no tardar mucho, irán sustituyendo la morfología de un pueblo con genuino sabor a tradición. Son de destacar, por otra parte, sus bodegas, que, en forma de cuevas o subterráneos, se adentran en el corazón de la colina. Con la grata sensación del humo proveniente de una chimenea -sobre todo ahora que la lluvia comienza a caer con más intensidad- que me recuerda el calor entrañable de un hogar, abandono un lugar que, con o sin templarios, aún mantiene vivo un añejo e inolvidable sabor a tradición. Con un agradable sabor de boca, pues, dejo atrás la Tierra de Berlanga, y sin importarme la lluvia que cae, me dirijo hacia la Tierra de Osma, y más allá, aún, a San Esteban de Gormaz. Pero claro, eso forma parte de otra historia. El video y el artículo son gentileza de Juan Carlos Menéndez, desde su blog "Se hace camino al andar" La ermita mozárabe de San Baudelio de Berlanga, construída a fines del siglo XI, es uno de los monumentos más originales y emblemáticos del extraordinario patrimonio histórico-artístico que guarda y tutela la Comunidad de Castilla y León. La ’extremadura’del suroeste soriano. Un lugar yerto, aunque de sobrecogedora belleza; con abundantes colinas y páramos, donde sobreviven especies de monte bajo y plantas aromáticas; un lugar, en la actualidad, donde no es difícil observar las evoluciones de diferentes aves rapaces, estáticas como cometas que planean a su libre albedrío sobre infinitos espacios, desafiando a un viento que, cuando se desliza a ras de suelo, levanta torbellinos de arenisca y polvo, susurrando, al oído del visitante que se detenga el tiempo suficiente y quiera escuchar, mensajes de soledad y de enigmática trascendencia. Puede decirse que los cambios producidos en el entorno de San Baudelio a lo largo de los años, son múltiples y variados. De ellos bien podrían hablar los habitantes de los pueblos cercanos -Casillas de Berlanga y Caltojar- y también aquellos otros que residen en la señorial Berlanga de Duero, los mismos que sonríen con natural orgullo cuando observan la admiración con que unos ojos foráneos contemplan, en primer lugar, su castillo y sus murallas, antes de perderse por sus calles y deleitarse con los manjares de sus bares y tabernas. La rama de la palmera, se ofrecía, también, a los vencedores como símbolo de triunfo, y entre los símbolos utilizados por el Cristianismo, tenía varias consideraciones: una como imagen de la Virgen (’esbelto es tu talle como la palmera’, cita el Cantar de los Cantares) y otra como símbolo del triunfo sobre la muerte a través del martirio. No es de extrañar, por tanto, que los mártires sean representados, generalmente, con una rama de palmera en la mano. Incluso, en ocasiones, se puede apreciar dicha rama en la mano del arcángel Gabriel, en algunas escenas de la Anunciación, y sobre todo, cuando éste le anuncia a la Virgen la proximidad de su muerte. C. G. Jung veía en este árbol el símbolo del alma. He aquí, brevemente expuesta, la importancia de dicho árbol y su relevancia como elemento principal de la ermita mozárabe de San Baudelio. Pero no se puede continuar hablando de San Baudelio, sin hacer un pequeño inciso y poner de manifiesto la dolorosa sensación de vacío; de especulación y de amarga burla técnico-burocrática que en 1926 -y con el consentimiento, previo pago, de algunos vecinos de Casillas- permitió que las pinturas de aquélla pequeña ’capilla sixtina’, poco menos que oculta entre los montes y páramos de la Tierra de Berlanga, cruzaran el Océano Atlántico y sean hoy día admiradas en museos foráneos como The Metropolitan Museum of Art de Nueva York, en su sección ’The Cloisters’. Cómo no podía ser de otra manera, tratándose de unos ’expertos en importar Historia ajena’, allí duerme el sueño eterno del exilio la flor y nata de la representatividad pictórica que hizo de San Baudelio un auténtico utensilio de paz, de enseñanza, de civilización y de cultura, y donde, por añadidura, al decir de los expertos, se puede apreciar con mucha mayor determinación la influencia de varios estilos artísticos, que ponen de manifiesto una de las cualidades de tan peculiar y sagrado lugar: la transigencia, en su acepción más pura de convivencia y hermandad. Es por este motivo, triste, vuelvo a repetir, que la fascinación se torna decepción cuando el curioso -alentado por la gratificante sensación que supone encontrarse en un lugar especial- no encuentra rastro alguno del ángel y los soldados ante el sepulcro de Jesús; o la escena donde se representaba a las tres Marías; o aquélla otra, maravillosa en su conjunto y repleta de interesantes, simbólicos y genuinos matices, que mostraba a Jesús devolviéndole la facultad de la vista a un ciego. Tampoco tendrá la oportunidad de poder satisfacer su curiosidad, deleitándose con la observación de los detalles de la resurrección de Lázaro o el milagro de la conversión del agua en vino, correspondiente, este último, al episodio de las bodas de Canaán. Ni de valorar la fuerza emotiva de las tres tentaciones y la entrada, triunfal y majestuosa, de Jesús en Jeruralén... Si alcanzará a ver, sin embargo, en la pared situada enfrente de la puerta de acceso, junto a los escalones de ascenso al coro, algunas huellas, quizás de ésta última escena, y es posible que, a partir de las improntas de las cabezas de los nobles animales, se imagine a Jesús sentado en el lomo de uno de ellos, con los apóstoles caminando detrás de Él. Mal que bien sí podrá intentar poner a prueba el poder de su imaginación, dejando que ésta repase las huellas e improntas que aún permanecen en el lugar, intentado moldear en su mente la fuerza original de expresividad y color, contenidas en las escenas cinegéticas de la caza de la liebre; o aquéllas relacionadas con el guerrero -de probable origen mozárabe- que avanza con el escudo pegado al cuerpo, seguramente encaminándose a alguna batalla imaginaria, o quizás -¿por qué no?- huyendo muy a su pesar del plantígrado que camina a cuatro patas en la pared del coro, no muy lejos de donde se sitúa, con toda su expresividad exótica, la imponente figura de un dromedario. Sólo expandiendo su imaginación, el visitante podrá llegar a representarse un atisbo de lo que fue y significó la ermita de San Baudelio de Berlanga, y quizás comprenda y asuma aquélla significativa y terrible frase de Catalina II de Rusia, que decía: ’lo mío no es amor por el arte, es voracidad, glotonería, ansias de devorarlo y saciarme de él’. Este artículo ha sido cedido amablemente a este blog por Juan Carlos Menéndez, y trasplantado desde ROMANICA, ENIGMAS DEL ROMANICO ESPAÑOL, que es uno de los blogs en los que este madrileño errante descarga su curiosidad y su afan de conocer y de entender lo que le rodea. De sus andanzas por nuestra provincia deja huella en su blog Soria, se hace camino al andar; y tiene espacios dedicados a nuestras provincias hermanas de Guadalajara y Segovia. Acusamos recibo del siguiente comunicado de la Asociación de amigos del castillo de Berlanga, que recientemente ha elegido nueva dirección y en el que se exponen las lineas maestras de lo que esperan hacer a corto plazo. Para hacerse socio o realizar cualquier consulta nos dejan el siguiente correo electrónico: castillodeberlanga@gmail.com Tambien nos comunican que la semana que viene estará disponible la reedición del libro de Bedoya por solo 12 € en la oficina de turismo. Estimados socios: Después de un tiempo sin estar en contacto queríamos comunicaros que, el pasado 4 de enero, se celebró la asamblea general de la Asociación en la que se acordó renovar la Junta Directiva que ha quedado constituída de la forma siguiente: Enrique Rubio (Presidente), Roberto de Pablo (Vicepresidente), José Luis Martínez (Secretario), María Concepción Abad (Tesorera), Mercedes Hergueta (Vocal, responsable de la mercadotecnia) y María García (Vocal, responsable de actuaciones). Es intención de la Junta dar un impulso a nuestra Asociación, por lo que es fundamental el aspecto económico con el fin de plantearse y llevar a cabo nuevas actividades. Por ello, queremos recordaros que la cuota está establecida en 10 € anuales (los socios menores de 14 años no pagan) y tal efecto, próximamente se os pasará al cobro la cuota de 2008 para los que tengáis domiciliado el cobro. Si algún socio quiere efectuar alguna aportación económica adicional a la establecida con carácter general quedará registrado como socio benefactor. Con vuestra ayuda queremos ampliar el número de socios por lo que, si hacéis el favor, lo podéis comentar con amigos, familia, etc.. para aumentar la cifra (en la actualidad somos en torno a 450 socios). El saldo de la Asociación a 25 de enero pasado era de 5.404,64 €. Para incrementar los ingresos se han encargado camisetas de Berlanga y de San Baudelio así como llaveros que se venderán en la próxima Feria Medieval. También estarán a la venta participaciones de lotería de navidad con un donativo de 1 €, así como el libro de Juan Manuel Bedoya, auténtica crónica de nuestro pueblo desde la antigüedad hasta mediados de XIX y que recordaréis que fue reeditado hace años por la desaparecida Asociación de Amigos de Berlanga. Queremos solicitaros también a los socios que tuvieran y la quieran facilitar, su dirección electrónica con el fin de sustituir los comunicados en papel. Aprovechamos también para indicaros los proyectos que se quieren poner en marcha contando, como es lógico, en alguno de ellos, con las autorizaciones correspondientes: Como veis el entusiasmo es mucho y lo que intentamos, como decíamos al principio, es impulsar la Asociación, por lo que solicitamos vuestra colaboración, no sólo con la cuota anual, sino aportando ideas, comentarios, ayudando en la actividades previstas especialmente para el próximo verano, etc.... Un saludo para todos. 9 de febrero de 2008. Asociación de amigos del castillo de Berlanga. Casa de la Cultura. 42360 Berlanga de Duero Hola, soy Iván Aparicio, presidente de la Asociación soriana para el recuerdo y la dignidad, la Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica de Soria. El sábado 1 de septiembre de 2007 vamos a llevar a cabo la exhumación de los restos de Quirico Esteban, una de las personas de Berlanga de Duero y alrededores que iban a ser fusiladas en el término de Bayubas de Abajo el 9 de septiembre de 1936. Ese mismo día logró desatarse y huir. Tres días después del fusilamiento de Bayubas, Quirico fué visto por los alrededores de Casillas, localizado por la Benemérita y fusilado allí mismo. Sus restos están en un paraje conocido como Valdeburgales. Es allí donde nos reuniremos para sacar sus restos (a petición de la familia) y llevarlos a un lugar digno. En estas ocasiones solemos emplazar a los habitantes de los lugares cercanos y a quien quiera acudir, a que acompañen a la familia y participen con su presencia, en el rechazo de la barbaridad que producen las guerras y las personas, cuando pierden la razón. El sábado 1 de septiembre estaremos allí desde las 8 de la mañana y si el sábado no diéramos con sus restos, seguiríamos el domingo. El lugar estará señalizado. Está en la carretera SO-152 (dirección a Sigüenza desde Berlanga de Duero), en el tramo entre Casillas de Berlanga y Caltojar, a mano derecha una vez pasado el desvío a San Baudelio. Para cualquier duda, pregunta, comentario… recuerdoydignidad@hotmail.com. |